Siete hábitos cerebro-saludables para mantener el bienestar

NOTICIAS DE INTERÉS Por Gastón PEDRAZA
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Hay información sobre como cuidar el corazón, nuestro estado físico y la alimentación, pero pocas personas sabemos cómo cuidar el cerebro. Estar informados sobre algunos hábitos saludables nos permitirá conocerlo y usar mucho mejor este órgano fundamental para todas las edades.

El estilo de vida que nos “lleva por delante” puede provocar un desgaste físico, mental y emocional tan grande que produce un deterioro cerebral. El frenesí y el estrés, una vez más, no son buenos compañeros para una vida saludable.

Cuerpo, cerebro y mente
Las enfermedades más frecuentes y conocidas dentro de la Neurología son: epilepsia, migraña y todos los tipos de dolores de cabeza, demencias (como enfermedad de Alzheimer), enfermedades cerebrovasculares y sus secuelas (por ejemplo, infarto y hemorragia cerebral).

Menos frecuentes, pero no menos importantes, son los trastornos neurológicos inflamatorios y degenerativos del cerebro y la médula espinal tales como la esclerosis múltiple, enfermedad de Parkinson, enfermedades neuromusculares como la Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA), distrofias musculares, distonías y neuropatías.

“Tanto la prevención como la identificación temprana de los primeros síntomas son vitales para mermar el impacto social y sanitario que causan las enfermedades neurológicas”, explica a Con Bienestar Mariano Pirozzo (M.N. 119.938), Jefe de Neurocirugía de Clínica La Sagrada Familia.

En la Argentina, existe una notable disparidad entre la cantidad de neurólogos (0,9% de los médicos) y la carga de las enfermedades neurológicas (10,9% de todas las enfermedades), señala un estudio local.

Cómo cuidar el motor del sistema nervioso
Según Pirozzo, los siguientes hábitos son importantes para cuidar y preservar el cerebro en las mejores condiciones posibles:

Realizar actividades que estimulen la actividad cerebral y nos mantengan mentalmente activos como leer, escribir, memorizar números de teléfono, participar en juegos de mesa, realizar actividades manuales, completar crucigramas, aprender y practicar un nuevo idioma.
Hacer algún tipo de actividad física de forma regular, mediante la práctica de un deporte o realizando una o dos caminatas diarias de al menos 30 minutos.
Potenciar las relaciones sociales y afectivas evitando el aislamiento social y el estrés.
Realizar una dieta equilibrada, evitando el exceso de grasas animales y de sal y aumentando el consumo de frutas y verduras.
Llevar hábitos de vida saludables sin consumo de alcohol, tabaco ni drogas y dormir lo suficiente.
Controlar la hipertensión, porque es el principal factor de riesgo de enfermedades cerebrovasculares como el ACV.
Proteger el cerebro contra los accidentes mediante la utilización sistemática del cinturón de seguridad en los vehículos y del casco cuando se viaja en moto o en bicicleta.
Mientras que el ejercicio favorece el incremento de neuronas, el estrés lo disminuye. Según una investigación realizada por la Universidad de California en Irvine (EE.UU.) y publicada en Psychological Science, el estrés diario puede acumularse y producir, a largo plazo, un efecto negativo en la salud mental. Según estos expertos, concretamente, son las respuestas emocionales negativas a molestias cotidianas las que tiene dicho “efecto acumulativo” y la única solución es conseguir un equilibrio emocional.

En cuanto a la falta de sueño, disminuye la creatividad y la capacidad de controlar las emociones. Por otro lado aumenta la ansiedad y dificulta la capacidad de resolver problemas. Un dato orientativo: las horas de sueño recomendadas son 8 si la persona tiene de 20 a 50 años y 6 horas para los que tienen más de 50.

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