"Dietas de moda" para perder peso con sus pros y contras

DIETAS Por Claudina Navarro Walter para Cuerpomente
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DIETA SIN GLUTEN
Está ciertamente de moda, aunque parece que el entusiamo por eliminar el trigo y otros cerales con gluten de la alimentación se está reduciendo.

En principio, la dieta sin gluten solo está indicada para las personas que han recibido un diagnóstico médico de celiaquía, un trastorno que no permite digerir el gluten y provoca una reacción autoinmune.

Algunas personas que no han recibido un diagnóstico de celiaquía tienen una sensibilidad más o menos acentuada al gluten y pueden beneficiarse de reducir o eliminar este componente de la alimentación, temporal o definitivamente.

Algunos dietistas y nutricionistas deducen que el gluten posee un efecto inflamatorio en todas las personas y por eso recomiendan evitarlo, pero no es algo probado.

La recomendación de no consumir gluten para perder peso no está justificada por el propio gluten, pero las personas que renuncian al pan y la pasta de trigo (galletas, bollería, dulces…) pueden acabar consumiendo menos calorías, lo que les ayudará a perder peso

DIETA PARA ADELGAZAR CON BATIDOS
Los batidos que sustituyen las comidas -como los que comercializan las marcas Pronokal o Bicentury- pueden ayudar a reducir de peso porque ayudan a disminuir el consumo total de calorías.

Sin embargo, son productos ultraprocesados que pueden contener un buen número de edulcorantes y otros aditivos. Es decir, todo lo contrario de los alimentos naturales y enteros en los que debe basarse una buena alimentación.

Aunque los batidos pueden ayudar a perder peso en el marco de una alimentación bajo el control de un especialista, no es un tipo de alimentación que se pueda mantener en el tiempo. Al dejar los batidos y volver a la alimentación habitual, se vuelve a ganar peso.

DIETA CETOGÉNICA O KETO
En la dieta cetogénica las calorías se obtienen principalmente de las grasas y las proteínas, mientras que los hidratos de carbono, que son la principal fuente de energía en la dieta de la mayoría de personas, solo proporcionan una pequeña cantidad (menos del 5 por ciento).

Este tipo de dieta provoca un cambio metabólico importante, porque el organismo debe adaptarse a una nueva fuente principal de energía. Este cambio implica que el cuerpo se acostumbra a quemar grasa y si no se consumen calorías en exceso, se acaba perdiendo peso.

Pero la dieta cetogénica puede provocar un consumo excesivo de grasas saturadas y proteínas, lo que puede tener un efecto inflamatorio sobre el organismo, así como favorecer los problemas renales, hepáticos y cardiovasculares.

La dieta cetogénica puede utilizarse temporalmente bajo el control de un médico para el tratamiento complementario de algunas enfermedades.

AYUNO INTERMITENTE
Una dieta que incluya ayunos intermitentes puede favorecer que el organismo ponga en marcha sus mecanismos para convertir las grasas en energía (lo que puede reducir la cantidad de tejido adiposo), para eliminar toxinas y para regenerar el organismo y prevenir enfermedades a través de la autofagia.

Existen varias formas de realizar ayuno intermitente:

Ayuno nocturno de más de 14 horas. Si se cena temprano y se dejan pasar un mínimo de 14 horas hasta el desayuno (por ejemplo, cenar a las 19 horas y desayunar a las 9 horas de la mañana siguiente) se produce la cetosis (conseguir energía a partir de las grasas). El ayuno se puede alargar hasta las 16 o 18 horas.
Sistema 5:2, por el que durante cinco días a la semana se come normal (de manera saludable y equilibrada) y durante dos días se consumen como máximo 500 calorías. Según especialistas como el doctor Valter Longo, esta dieta produce los mismos beneficios que el ayuno.
Ayuno de 24 horas. Durante uno o dos días a la semana no se toman alimentos sólidos ni azúcares.
Si se realiza algún tipo de ayuno intermitente con regularidad es conveniente someterse al control de un especialista que valore la evolución de las distintas variables metabólicas (colesterol, triglicéridos, glucosa, etc).

No es recomendable para jóvenes, mujeres embarazadas o personas con sensibilidad a los cambios en los niveles de azúcar.

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