Otra cara de la gordofobia: la exaltación del ejercicio físico

SALUD Por Alfonso M. Arce para Abc
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Hace un tiempo, no sé si mucho o poco, cuando se hablaba de fundamentalismo lo lógico era pensar en una actitud extrema muy relacionada con lo religioso. Creo que hoy el término es aplicable a casi cualquier cosa. Digo esto porque abundan las personas que defienden lo que ellos creen como único camino objetivamente justo, verdadero y adecuado. No es un tema religioso o político, hay fundamentalistas del veganismo, del uso de la marihuana, del real fooding, de la demonización de los carbohidratos, del ejercicio físico, del odio al ejercicio físico… Da igual, hay para todos los gustos, colores y a favor y en contra de cualquier cosa. La libertad individual debe primar ante todo, pero el peligro de estas posturas intolerantes es que no les vale con que tú puedas hacer lo que creas oportuno, es que hay que llevar a los demás por el camino correcto que, por supuesto, es el de ellos. Este tipo de personas suelen ser bastante dañinas porque aun defendiendo una causa justa, su ímpetu machacón puede acabar consiguiendo el efecto contrario, que no es otro que empezar a generar opiniones reactivas de personas que simplemente se han hartado de que otro ser humano les de la turrada en cualquier reunión de amigos con las mismas argumentaciones y sin posibilidad de llevar la conversación a ningún otro lado.

Me declaro firme defensor del ejercicio físico como la herramienta más barata y universal para preservar nuestra salud, pero hay que reconocer que los fundamentalistas del deporte y la ‘vida fit’ existen, agotan y a veces dan ganas de encerrarse en casa, hundirse en un sillón e intentar reventar comiendo palmeras de chocolate con tal de no escucharles. Hablo de esas personas con las que no puedes conversar de nada diferente a ‘sus rutinas’, especímenes que mientras hablan se ponen a retorcerse hasta que les preguntas por pura educación que si están bien y te explican que sí pero que hoy ‘tocaba pecho’ y ya sienten las agujetas. Seres cuyo Instagram es una exaltación inagotable de lo sanos y sanas que son, esos que los ves y parece que nunca tienen colitis oye; su existencia se mueve entre sentadillas, crunches, smoothies y frases infinitas entendiendo por un horizonte infinito el decir ‘persigue tus sueños porque si los persigues, todo se cumple’. Así, con un par.


Si mides dos metros diez y tu sueño es ser piloto de Moto GP, mejor que no lo persigas mucho. No cabes en las motos y además duplicarás como mínimo el peso de tus rivales, así que vas de culo. Me importa un bledo la determinación de tu sueño. Pero oye, la naturaleza en tu caso te ha dado las cualidades para ser un muy buen jugador de baloncesto. Podemos soñar con inteligencia o dejar que nuestros sueños nos conviertan en frustrados eternos. Hay personas que viven sin querer mirar alrededor. Exponerse a otros puntos de vista, a otras maneras de vivir, puede impactar duro contra nuestros cimientos emocionales. Cuando eso ocurre hay gente que cambia por completo su vida o que, al contrario, se encierra más en sí misma porque no le gusta dudar de aquello que cree y que hasta el momento les está dejando vivir en paz.

Estar dando el tostón hasta el extremo a una persona sedentaria suele tener muy pocos frutos. Hay que reconocer que en el mundo del ‘fitness’ hay mucha banalidad y visto desde fuera, cuesta distinguir el grano de la paja. Un porcentaje altísimo del contenido que más difusión alcanza está enfocado en la estética, en ese pelotón tenemos subgrupos hooligans variados, los que siguen a este o aquella influencer de turno, los adeptos de un método mágico que incluye batidos a todas horas, o gente claramente tarada porque parece que nunca serían capaces de pasar una tarde leyendo un libro o simplemente descansando aunque hubiesen corrido una maratón por la mañana. El consumo de información está cada vez más sesgado por las recomendaciones que nos hacen buscadores y redes sociales, esto ha dado lugar al fenómeno llamado ‘efecto serendipia’ que no es otra cosa que poco a poco el tipo de contenidos que ‘aparecen’ en las pantallas de nuestros móviles reafirma y gira en torno a lo que creemos, por lo que cada vez tenderemos a sentir una absoluta posesión de la verdad y lo que es peor, llegaremos a la conclusión de que la cantidad de gente que piensa como nosotros es cada vez mayor aunque no sea cierto. Estamos polarizando el mundo. Si tienes un conocido que no sabe hablarte de otra cosa que no sean sus tiempos de carrera, el peso que mueve en sentadilla o que te amarga la vida porque te cuenta las calorías de cada plato que comes alertándote de las cosas terribles que te van a pasar, solo tienes dos opciones, o le adviertes con mucho cariño en función a lo que le aprecies, que se le está escapando de las manos el temita, o le esquivas sabiendo que es una persona tóxica y que no debes juzgar a todo el que hace deporte en función a ella o él. El deporte debería ser un medio para gozar de otras muchas cosas que tenemos alrededor, entre ellas el llegar a los últimos años de nuestra vida con la mayor plenitud y autosuficiencia posible. Así que sí, haz ejercicio y cuídate, pero no acoses y taladres al prójimo ya que puedes estar haciendo más mal que bien. Que la fuerza te acompañe.

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