Formas de vibrar alto pase lo que pase

SALUD Por María Leach para Cuerpomente
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Porque no hay luz sin sombra, ni amor sin temor a perderlo, tampoco hay vida en la que no surjan buenos y malos momentos.

La apatía o la tristeza son emociones tan naturales como la vitalidad o la alegría. Y de nosotros depende aprender a aceptar estos sentimientos para encauzarlos de la mejor forma posible, de manera que ni unos ni otros nos desestabilicen o frenen nuestro desarrollo personal.

Las dificultades son parte inherente de la vida. Lo que muchas veces no se piensa es que las pérdidas, rupturas y fracasos a menudo abren puertas y posibilidades inexploradas, ya sea para conocerse mejor interiormente o para redefinir nuestro rumbo hacia una existencia más plena.

Esto puede ayudar a ver que, en el presente, la calma y la serenidad deben ser las principales aliadas.

Poco a poco, se irán encontrando soluciones a los miedos y problemas. Es cuestión de enfrentarse a ellos. Es decir, de vivirlos. De ahí también el sentido de este artículo.

Todos, en ocasiones, nos sentimos cansados, hastiados o poco animados. Pero en vez de dejarse a merced de dichas emociones, se puede intentar descifrar el mensaje que ocultan. ¿Qué nos intentan decir?

El estado de ánimo es un valioso detector de cómo está el organismo, a nivel físico y espiritual. Es como si nos avisara de que hemos pasado por alto necesidades y objetivos primordiales.

Ante esto la misión es buscar alternativas: valorar en qué se está errando para cambiarlo e intentar recuperarse con nuevas tácticas y estrategias.

Estas no tienen por qué ser complicadas ni radicales; se trata simplemente de escucharse y adaptarse a los deseos más íntimos.

La mayoría de las veces un pequeño gesto puede obrar maravillas, como buscar la relajación cuando la piden el cuerpo o la mente, o reflexionar acerca de los motivos de nuestros actos y actitudes si nos sentimos insatisfechos...

El bienestar se lo marca uno mismo día a día. Y ya que cada uno es quien mejor se conoce, qué mejor experto para otorgarse los cuidados que merece y tan bien le sientan.

Nosotros te proponemos algunas actitudes y gestos que pueden propiciar los buenos momentos.

1. AFRONTA LAS COSAS
Los problemas son situaciones que se deben resolver; de lo contrario, se convierten en auténticos "vampiros" de energía, que desvitalizan tanto física como mentalmente.

Si hay algo que nos perturba –un sentimiento, un hecho concreto, un enfrentamiento con una persona–, conviene hacer un alto en el camino para reflexionar.

¿Por qué nos sentimos así? ¿Hay otros factores que puedan estar influyendo? ¿Necesitamos pedir ayuda o consejo? ¿Cuál es la mejor solución?

Tras una pequeña "mesa redonda" con uno mismo, o junto a alguien cercano, se descubre que las preocupaciones, cuando se afrontan con serenidad y madurez, pierden buena parte de su gravedad.

No darles la espalda ayuda a crecer. La inteligencia es una gran herramienta para manejar los contratiempos cuando se presentan, sin necesidad de que se venga el mundo abajo.

2. VÍSTETE PARA EL ÉXITO
Cuando uno se siente triste o cansado, tiende a ponerse lo primero que encuentra en el armario. La mente está tan nublada que el mero hecho de tener que vestirse se nos hace una montaña.

El resultado, sin embargo, no mejora demasiado la situación, pues la imagen desaliñada del espejo no hace sino hundirnos más en la miseria.

En cambio, cuando se está alegre, o simplemente a gusto con uno mismo, se escoge cada prenda a conciencia, complementos y fragancia incluidos.

La atención que se procura al aspecto físico va muy ligada al estado de ánimo. Y de idéntica forma ocurre al revés.
Haciendo un pequeño esfuerzo, un atuendo bonito puede suponer una auténtica inyección de positivismo que no se debe desaprovechar. ¡Incluso es posible que a lo largo del día se reciba algún piropo!

3. BÁÑATE DE LUZ
El fin de semana o los días no laborables permiten despertarse más tarde, cuando el sol ya ha salido. Aprovechar estas ocasiones para exponerse a la luz solar es excelente para cargar pilas.

Será suficiente con subir las persianas de casa o sentarse junto a una ventana soleada mientras se saborea el desayuno, aunque se puede dar un pequeño paseo y realizar así algo de ejercicio.

Igualmente, el buen tiempo primaveral es ideal para tomar los primeros baños de sol al aire libre: una maravillosa fuente de energía natural que mejora el estado anímico y tonifica el sistema nervioso.

4. AYUDA A LOS DEMÁS
De sobras es sabida la gratificación personal que reportan los actos altruistas. ¿Quién no se siente mejor después de echar una mano a quien lo necesita?

Ayudar a los demás puede ser una forma de ayudarse a uno mismo.

Fijar la atención en las necesidades de otros hace que los problemas propios parezcan más pequeños y da la verdadera medida de la importancia de las cosas.

A la vez, eleva la autoestima y refuerza el sentido de autonomía y competencia.

Numerosos estudios han demostrado que las personas que realizan alguna labor social tienen menos probabilidades de abusar del alcohol o las drogas e incluso duermen mejor.

Ya sea a través de una organización o de forma espontánea, un comportamiento altruista siempre hace sentirse bien.

5. RELAJA EL CUELLO
Las tensiones acumuladas y las malas posturas que se adoptan durante el día pasan factura a las cervicales. Asimismo, la base del cráneo es la zona que más sufre la presión y el esfuerzo cotidianos.

Para relajarte, practica el siguiente ejercicio:

Busca un lugar tranquilo y siéntate en ángulo recto con la espalda erguida y la cabeza levantada. Respira profundamente unos minutos.
A continuación, inspira por la nariz mientras inclinas la cabeza hacia la derecha, hasta alinearla con el hombro. Debes notar cómo los músculos del cuello se estiran, pero sin forzarlos.
Muy lentamente, espira y vuelve al centro. Repite el mismo movimiento hacia el otro lado, sincronizándolo con la respiración.
Ahora, coloca tu mano derecha en forma de cuenco detrás de la nuca, ejerce una ligera presión, inspira y lleva la cabeza atrás; luego espira y llévala adelante. Repítelo con la mano izquierda.
Para acabar, realiza un círculo con la cabeza, lento y suave. Inspira al subir y espira al bajar, girando dos veces hacia la derecha y dos hacia la izquierda.

6. RESPIRA A FONDO
Se puede descargar mucha tensión mediante una respiración abdominal, profunda y relajada.

Por causa del estrés, el organismo restringe la respiración y la sitúa en el pecho, en vez de en el abdomen, lo que provoca ansiedad.

En cambio, cuando se relaja el cuerpo y la respiración se apacigua, se gana energía y mejoran el rendimiento y la concentración. La respiración, entonces, desciende del tórax al vientre. Haz la prueba:

Siéntate y apoya los pies en el suelo, cierra los ojos y concéntrate solo en el aire que entra y sale del cuerpo.
Coloca con suavidad la mano izquierda sobre el pecho y la derecha, sobre el vientre. Inspira y espira lentamente.
Si se mueve la mano izquierda, es que respiras con el tórax, un síntoma de estrés.
Concéntrate, por tanto, en llenar de aire el vientre al inspirar por la nariz, y en vaciarlo poco a poco al espirar por la boca.
En unos minutos la respiración se torna más lenta y profunda, devolviendo la tranquilidad perdida.

7. CREA ESPACIO
En ocasiones se acumulan cosas que no se usan (objetos inservibles, ropa antigua, electrodomésticos averiados...) y, sin darse cuenta, se deja que ocupen un espacio precioso, complicando el buen funcionamiento del hogar.

El desorden muchas veces es la gota que colma el vaso, sobre todo en épocas de estrés o desánimo. Se siente como un obstáculo.

Puedes empezar poco a poco, por ejemplo, revisando ese cajón repleto de papeles. Este simple gesto ya aporta una buena dosis de energía.

Del mismo modo, deshacerse de lo innecesario es una manera simbólica de crear espacio para abrirse a nuevas vivencias y evoluciones.

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