Miedo a quedarse solo: de dónde nace y en qué casos provoca ansiedad

NOTICIAS DE INTERÉS Por Cristina MERCADO
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El miedo a la soledad es una de esas cosas que tienen fuerza para mover el mundo. Aunque haya quienes disfruten de la quietud solitaria, por lo general todo el mundo siente un poco de vértigo ante la idea de quedarse solo. La soledad inmediata (eso de pasar un día contigo mismo, hacer cosas que te gustan; centrarte solo en ti) puede ser disfrutable, incluso ansiada. Pero la ausencia de compañía a largo plazo genera más angustias que otra cosa.

Tanto Pilar García, psicóloga de TheraphyChat, como Laura Cruz Navarro, psicoterapeuta en ifeel, aseguran que el miedo a la soledad es recurrente en muchas de las personas que acuden a consulta. Y esto es extrapolable a la población general. Apunta García que los humanos somos seres sociales, y así es lógico que queramos compartir nuestra vida con los demás y rodearnos de personas queridas. «El problema es cuando esa necesidad se convierte en dependencia; no sabemos estar solos y aparece el miedo ante la idea de estarlo», dice.

Además, añade Cruz Navarro que la sociedad actual tiene ciertas características que acentúan este miedo. Una de ellas es la hiperconectividad, un estado en el que vivimos de manera casi automática y que nos obliga a siempre estar atentos por si nos perdemos algo. Debido a esto, vivimos unas situaciones en las que raramente estamos completamente solos. «Estos elementos, sumados a la situación e historia personal de cada persona hace que sea un tema muy presente», asegura.

Qué influye en el miedo a la soledad
Pilar García desgrana cinco factores que pueden influir, o propiciar, el miedo a la soledad. En primer lugar influye la educación que hemos recibido. Por ejemplo, si desde que somos pequeños nos han transmitido la idea de que a determinada edad hay que tener una familia, y al llegar a ella no cumplimos ese estereotipo, es fácil que nazca el agobio.

Asimismo, la autoexigencia y el perfeccionismo pueden ser factores relevantes. Esto puede derivar en esforzarse por mantener relaciones que ya han fracasado, tan solo por la idea de que no se puede fallar. También, el miedo a la soledad puede ser intrínseco a la dependencia emocional. Podemos llegar a conservar relaciones que solo generan malestar, pues pensamos que mejor eso que estar solos. «Nada más lejos de la realidad, pero esta es una creencia muy arraigada y de la que solo nos desprendemos cuando experimentamos esa soledad y aprendemos a disfrutar de ella», especifica la profesional.

También la ansiedad entra en juego. Si se considera que la soledad es un estado peligroso, se activará el mecanismo de ansiedad que lleva a hacer todo lo posible para evitarlo y protegerse. Por último, menciona la baja autoestima, pues la falta de confianza puede llevar a muchas personas a creer que no pueden estar solos, o no tienen las capacidades necesarias para desenvolverse en la vida si no tienen a alguien que les proteja o les ayude.

Miedo a la soledad romántica
Es interesante ver cómo puede ser distinto el miedo que tengamos a estar solos en general, y el miedo a estar solo por no tener una pareja. «El miedo a no tener pareja creo que es el que, quizás, pueda estar más presente», comenta Laura Cruz Navarro. Aun así, explica que si nos quedamos solos en cualquier ámbito, y no estamos acostumbrados a ellos, puede tornarse complicado. «Cuando estás sin compañía hay mayor probabilidad de pensar y sentir sin interferencias del entorno, y no todo lo que se sienta van a ser emociones fáciles de sostener. Quizás, ese puede ser uno de los miedos que esconde ese temor», apunta. Añade Pilar García que de este miedo a 'sentir' puede sostener muchas reacciones tóxicas y de dependencia. No las rompemos para no perder esa figura.

El miedo a la soledad puede ser vehículo para sentir otras emociones como tristeza, preocupación o angustia. Esto ocurre —puntualiza Pilar García— porque asociamos la soledad a algo negativo y poco deseable y, por consiguiente, se deriva a la percepción de estas emociones. Aunque es probable que todas las personas tengan en algún momento esta percepción, si vemos que se convierte en una preocupación diaria y, en consecuencia, afecta a nuestra manera de relacionarnos, debemos dar un paso más allá y pedir ayuda para tratarlo.

 
Disfrutar de la soledad
En la cara contraria de aquellos que tienen miedo a la soledad se encuentran los que la disfrutan. Explica la psicóloga Laura Cruz Navarro que el motivo de ese gozo es que estar solos propicia una conexión con las necesidades propias sin filtros. «Esto puede ayudar mucho a reajustar también las expectativas u objetivos que tengamos», dice y añade que los momentos de soledad pueden ser espacios de apoyo y ayuda en el bienestar de cada persona si se afronta de un modo deseado y positivo.

Aun así, podemos seguir ciertas estrategias para gestionar el miedo a la soledad de la mejor manera posible. Lo principal es detectar esas creencias erróneas que apuntaba Pilar García, sobre cosas que 'deben ser'. «Se tiende a pensar que estar solo es un fracaso o que no vamos a poder disfrutar de la vida si no tenemos a alguien a nuestro lado», dice la psicóloga, que recomienda reconocer estos mitos para poder sustituirlos por ideas más reales y útiles. También, es interesante reflexionar sobre nuestros miedos. «Muchas veces el miedo nos engaña y nos lleva por el camino que él quiere. Por eso hay que saber hacia dónde queremos ir, para que cuando este miedo aparezca, no nos desvíe de lo que de verdad queremos en nuestra vida», dilucida la psicóloga de TherapyChat. Por otro lado, resalta la importancia de priorizar nuestro autocuidado; cuidarse en la manera de respetarse y sentirse mejor con nosotros mismos.

«Se tiende a pensar que estar solo es un fracaso o que no vamos a poder disfrutar de la vida si no tenemos a alguien»
El miedo a quedarse solo a corto plazo, y el miedo a la soledad en la vejez son distintos. Este segundo está relacionado con lo desconocido. Aun así, ambas profesionales coinciden en que los dos miedos tienen en común los pensamientos de anticipación y el miedo a la incertidumbre.

Si hablamos del miedo a la soledad futura, entramos en otro tipo de preocupaciones. «La persona que no tiene miedo a estar solo actualmente, pero sí siente temor a una posible soledad futura, es posible que tenga de base un miedo al paso del tiempo, la vejez o la muerte, más que a la soledad en sí», asegura Pilar García. En cambio, si hablamos de alguien que siente pavor ante la soledad inmediata, es probable que hablemos de una persona con muchas inseguridades sociales a la hora de desenvolverse socialmente. Aun así, ambos tipo de miedo tienen algo en común: la percepción de que es dificil crear un espacio común con alguien, y la idea de que, sin ese acompañamiento físico, no se puede estar bien.

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