Comida real: ¿realmente es sinónimo de comer saludable?

NUTRICIÓN Por Sara BLANC
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Refuerzo de problemas de alimentación
Laura Llorente, nutricionista de Instituto Centta, dice que de primeras el planteamiento de favorecer los productos sin procesar frente a los que son ultraprocesados es positivo, «pero hacerlo de una forma rígida dentro de una sociedad donde se prima la imagen, el control y el perfeccionismo puede traer algunas consecuencias negativas para ciertos grupos de población». Aunque alaba de nuevo que, un mensaje tan sencillo haya calado tanto en la población, y haya incrementado las ganas de comer de manera saludable, dice que este mensaje tan generalista también llega a personas que son propensas a sufrir trastornos de conducta alimentaria. «El movimiento no es el que causa directamente el trastorno, pero puede tener mayor prevalencia del mismo puesto que el mensaje que da es desde el perfeccionismo y la rigidez».

Advierte Elena Toledano, también nutricionista de Centro Centta, que el término de 'comida real' puede ser interiorizado de manera distinta por cada persona. Pone como ejemplo que hay quienes mejoran su alimentación, quienes muestran indiferencia y quienes pasan por un gran sufrimiento al no llegar a las exigencias tan rígidas de este concepto, «sintiendo mucho sufrimiento con valores como su peso, su alimentación o su gestión emocional con la comida».

Entonces, es importante entender que, aunque en general 'comer real' tiene muchos beneficios, no tiene que ser siempre sinónimo de comer saludable. Amplía Elena Toledano esta idea, pues comenta que comer bien implica un bienestar no solo a nivel físico, sino también mental y social. «Cuando estamos consumiendo un alimento que a nivel nutricional es adecuado pero que nos genera malestar emocional, esto se convierte en una amenaza para nuestra salud», explica y advierte que comer saludable «es mucho más que incluir aguacates en la dieta o leer etiquetas de supermercado».

«Comer saludable es mucho más que incluir palta en la dieta o leer etiquetas de supermercado»
Una idea peligrosa es aquella de que, si un día no se come 'bien', al día siguiente debemos compensar el desliz. «La rigidez de pensamiento acerca de los alimentos nos llevará a sentimientos de culpa y volveremos al bucle de restricciones perpetuas», advierte Laura Llorente. Esto, realmente una idea que nace de la cultura de la dieta, y puede verse reforzaba por aquellos que llevan el 'realfooding' a su máxima potencia, tiene capacidad para generar mucho malestar mental. La recomendación de la profesional es alejarnos de las reglas impuestas «por un movimiento viral cuyo mensaje es simple». Asegura que ser flexible y permitir todos los alimentos nos llevará a mejorar en la relación que tenemos con estos. Es fácil enfrentarse a esta situación cada vez que se come fuera de casa. Los directores de la clínica Nutrygente explican que, aunque se puede intentar comer lo mejor posible si no preparamos nosotros la comida, a veces es complicado. «Si pensamos que cada vez que vayamos a comer fuera, por ejemplo, debemos compensar comiendo de manera diferente el resto del día o durante la semana, nos va a generar un estrés adicional que para nada va a ser positivo», aseguran.

Como ya se mencionaba, puede que el llevar la idea de la 'comida real' al extremo termine por derivar en un trastorno de alimentación. Paula Valero, psicóloga especialista en este tipo de trastornos (TCA) lo resume en una sola frase: «La obsesión por la salud no es salud, es simplemente obsesión». Advierte que el potente mensaje del 'realfooding' se difunde por las redes sociales, y lo recibe especialmente un público joven, «que es de hecho el más vulnerable a desarrollar un TCA».

Cómo saber si el 'realfooding' se ha ido de las manos
Explica la psicóloga Adriana Esteban, psicóloga especialista en TCA, que hay quienes defienden el 'realfooding' «como un estilo de vida», pero que en realidad es una dieta y, como todas las pautas nutricionales, «se puede ir de las manos».

«La señal más común tiene que ver con la obsesión y rigidez por llevar a cabo una alimentación determinada. Es decir, la persona empieza a obsesionarse con los alimentos y sus ingredientes, a descartar tajantemente todos aquellos que presentan aditivos, así como a estipular horarios estrictos de ingesta», explica la profesional. Asimismo, apunta que cuando alguien deja de participar en planes donde existe comida ultraprocesada y comienza a distanciarse de las personas que no llevan un estilo de vida similar, claramente es un indicador negativo. «A nivel emocional, cambios en el estado de ánimo, ira, irritabilidad, culpa o frustración relacionadas con la alimentación son señales que nos indican que algo no está yendo bien», dice y puntualiza que no se trata de 'todo o nada', o llevar a cabo la mejor alimentación o la más correcta, sino de encontrar un equilibrio con el objetivo no sólo de nutrirnos sino también de disfrutar del momento de comer y no olvidarnos de este gran placer.

Plantea una pregunta: ¿En qué momento algo que en principio promueve un estilo de vida saludable se convierte en un problema? Y explica que en muchos casos, todo este movimiento se origina desde una percepción negativa de la imagen corporal y una baja autoestima. Comenta que, el tipo de TCA que se puede desarrollar tiene en común con otros como la anorexia o la bulimia que «tienden a tener un tipo de pensamiento rígido y a tener alteraciones en su estado de ánimo», pero a diferencia de los mencionados este suele ser un trastorno alimentario encubierto. «Los síntomas no se consideran peligrosos, porque están persiguiendo la salud. Por tanto, los indicadores son normalizados e incluso esa dedicación es admirada por otros. Es por ello que los sujetos que lo padecen no reciben la atención y tratamiento que merecen», pone en relieve.

Alimentación entre los grises
Por esto, la psicóloga comenta la importancia de alejase del patrón de pensamiento rígido en lo que la alimentación respecta, «y movernos en los grises». «No debemos olvidar que la alimentación tiene un potente carácter social y emocional, y no únicamente nutricional, y el movimiento 'realfooder' en muchos casos deja estos factores de lado», advierte. Así, recuerda que por supuesto siempre es preferiblemente elegir productos frescos, de temporada y de producción local, pero hay veces en las que podemos «permitirnos disfrutar de otros alimentos que, aunque nutricionalmente no sean tan interesantes, sí pueden ser beneficiosos en otros planos relacionados con la salud mental».

Apunta Elena Toledano que, en general, «comer sano implica poder tener la libertad y el derecho de decisión sobre cada comida que realizamos». Así, argumenta que si un día nos apetece comer un bollo por ejemplo; aún sabiendo que a nivel nutricional no es una elección alimentaria óptima, sí lo puede ser a nivel psicológico. «Tenemos que dejar de ver el concepto de comer saludable como algo que solo implica la calidad del alimento o la información nutricional de la etiqueta que lo compone», concluye.

Fuente: abc.es

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