¿Es mejor rallar el queso en casa o comprarlo ya preparado?

ALIMENTACIÓN Y SALUD Por Gastón PEDRAZA
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El queso no pasa de moda: el gusto por él es atemporal. Ya sea un queso tradicional curado, un queso cremoso, uno fuerte o uno suave para añadir a la ensalada. Este alimento marida con casi todas las elaboraciones, gracias a sus diversos sabores y formas.

Uno de los quesos cuyo uso está más extendido es el rallado, ideal para añadir en pastas, en pizzas, en elaboraciones de verduras al horno o en ensaladas. Lo importante, en caso de que queramos utilizarlo, es elegir no solo uno que vaya bien con el plato que vamos a preparar, sino además que sea saludable. Dice Júlia Farré, directora del centro de nutrición y psiconutrición Júlia Farré de Barcelona, que si se es amante del queso, lo ideal es comprar uno entero y después rallarlo, para conservar los aromas y sabores con mayor potencia.

A la hora de saber qué quesos podemos rallar, lo más fácil es decantarse por aquellos que tienen una consistencia más dura. Aun así, apunta Laura Llorente, nutricionista de Instituto Centta, que, en general, la mayoría de los quesos se pueden rallar, incluso aquellas versiones un poco más tiernas o de textura más blanda, como puede ser la mozzarella. «Simplemente tenemos que cambiar el tipo de rallador. En el caso de los quesos blandos, los ralladores más gruesos suelen ser los más acertados; los quesos más duros podemos utilizar ralladores más finos».

Elegir el queso más sano del supermercado
Una pregunta que puede surgir es si es más saludable comprar un queso y rallarlo nosotros en casa, o comprar el queso rallado ya preparado. La respuesta de ambas nutricionistas es que depende, pues lo importante es fijarnos en los ingredientes del producto que compremos. «Sea el queso que sea, los principales ingredientes deben ser: leche, cuajo, fermentos lácteos y sal», asegura Laura Llorente.

«En el mercado encontramos quesos rallados de muy buena calidad, pero también encontramos productos más fundentes, más palatables para el consumidor que contienen ingredientes 'extras', como proteínas lácteas, mantequillas o almidones», asegura la nutricionista del Instituto Centta. Alerta que hay productos que incluso, aunque no sean queso, se venden como tal: «A veces estos no llevan queso en su composición, simplemente proteínas lácteas. Abaratan el producto, y debemos evitarlos siempre que podamos», advierte. Una manera de distinguirlos rápido es mirando si la palabra 'queso' aparece o no en el frontal del empaquetado. «Nos engañan con etiquetas del tipo 'especial para fundir o gratinar', pero no usan la palabra queso. Hay que mirar que en los ingredientes haya queso, del tipo que sea pero queso», puntualiza Júlia Farré. Si encontramos la palabra 'queso' en el paquete entonces, por normativa, el producto en cuestión tiene que tener en torno al 60%.

Además de elegir un queso rallado saludable, también es importante elegir el tipo que vaya mejor con la elaboración que preparemos. Por ejemplo, para la pasta, los quesos duros que 'más se prestan' puede ser el parmesano, el pecorino romano y el manchego. También, los quesos como el roquefort, o los quesos en salsa, pueden ser opciones interesantes.

Los quesos que funden mejor
Si buscamos un queso para fundir en el horno, la recomendación de Laura Llorente es decantarnos por las versiones más tiernas, como la mozzarella. Los quesos más duros, y con menos agua, suelen 'funcionar' peor en este tipo de platos.

Para las elaboraciones frías, la recomendación es decantarse por quesos como la ricotta, el feta, o los quesos frescos. «Al tener un sabor más "neutro" pueden usarse para elaboraciones como ensaladas o con salsas que no queremos sabores muy fuertes», apunta Laura Llorente. En general, lo importante es tener en cuenta cómo 'encaja' el queso rallado con el plato que queramos preparar. «Por ejemplo un risotto no puede compararse con una ensalada fría», recuerda Llorente.

Por último, la profesional insiste en que cualquier queso puede ser rallado, pero el resultado depende de el utensilio que se utilice, y lo que queramos conseguir. «Por ejemplo, hay que tener en cuenta si queremos que sea un queso para que ligue la receta (como es el caso del risotto) o que aporte un valor más de sabor. En estos casos, el tipo de queso a elegir será totalmente diferente», concluye.

Fuente: abc.es

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