Microbiota, un aliado en la tripa: cómo cuidar bien tu intestino

ALIMENTACIÓN Y SALUD Por Niklas Gustafson para ABC
alimentos-fibra

La frase «lo siento en las tripas» no puede ser más real. No en vano muchos autores científicos consideran al intestino un «segundo cerebro», y no es una metáfora: es uno de los pocos órganos que funcionan de manera independiente al resto del cuerpo. Su cantidad de terminaciones nerviosas y actividad es enorme, por él pasan hormonas, células inmunes, nutrientes…, con toda la información que ello conlleva. Y ambos están interconectados, de forma que lo que sucede «abajo» se refleja «arriba» en emociones y sentimientos. Así, un desequilibrio en la microbiota puede hacer que nos sintamos deprimidos o irritables, y un buen funcionamiento de esta, felices. Pero veamos cómo sucede esto.

El 80% de nuestro sistema inmunitario se aloja en el intestino. De él y de la microbiota que alberga, ( cientos de millones de microorganismos defensores de nuestro sistema inmunológico y otros tantos que tratan de minarlo y que provienen, en muchos casos, de una mala alimentación, el abuso de medicamentos como antibióticos o del estrés), depende en buena medida nuestra salud general y emocional. La general, porque de una microbiota equilibrada y sana depende la cantidad de calorías que obtenemos en la digestión (haciéndonos engordar o adelgazar de forma no natural, o provocar dermatitis por desequilibrios en el sistema inmune, por ejemplo) o los nutrientes que asimilamos y los que no. Y sí, la emocional también porque, sin ir más lejos, esa misma microbiota, si funciona correctamente, produce serotonina en el proceso de digestión (sí, la hormona de la felicidad), ¡hasta un 90% de la que tenemos en el organismo proviene del sistema digestivo!

Por eso, cuando la microbiota intestinal está alterada por una mala alimentación, la pared intestinal se inflama y la producción de serotonina se desequilibra dando lugar a episodios de ansiedad y tristeza. La buena noticia es que, salvo enfermedades específicas, podemos influir en el estado de nuestra microbiota ‘buena’ a través de la alimentación: es un hecho que comer de manera saludable alivia el estrés y la tristeza. Más concretamente con alimentos de los llamados probióticos que, como su nombre indica, favorecen el desarrollo y equilibrio de esos minúsculos soldados que libran las batallas de nuestro cuerpo. Sin olvidar las fibras, que ayudan a la motilidad y al buen funcionamiento intestinal.

 Si todavía no sabes de qué estamos hablando incorpora estos consejos a tu dieta:

Fermentados: Los quesos y el yogur son los más conocidos, pero también el chucrut, el kéfir… Son los probióticos naturales por definición, y su efecto ayuda a aumentar las bacterias buenas del intestino.

Limpiadores: Conocidos como «alimentos detox», la alcachofa, el jengibre o la avena son unos magníficos aliados para ayudar a eliminar toxinas y mantener saludables los órganos, entre ellos el intestino.

‘Felices’: Además de la serotonina, otro componente que nos hace sentir más contentos es el triptófano. Lo encontramos en los huevos, el chocolate negro, los frutos secos…

Antiinflamatorios: El Omega 3 es el mejor antiinflamatorio natural, y ayuda en los casos de intestinos irritados a deshinchar y mejorar la circulación dentro de ellos. Así, las grasas buenas ayudan también aquí: pescados azules, semillas, aceites vegetales…

Fibrosos: frutas (enteras, no en zumo), verduras, cereales integrales… Su alto contenido en fibra es positivo porque de ella se alimentan las bacterias buenas del intestino.

En el lado contrario de la balanza, los procesados, azúcares refinados, almidones y alcohol. Todos ellos desequilibran nuestra flora, merman la cantidad y calidad de la microbiota y provocan hinchazón

Y viceversa. No menos importante, es tratar de tomar medidas para aliviar las situaciones de ansiedad y estrés cuando las estéis sufriendo, ya que el círculo se rompería: la agitación nerviosa general influye mucho en el buen estado de la microbiota intestinal y puede llegar a aumentar el riesgo de infecciones. Y por último, no quiero olvidarme de resaltar la importancia del ejercicio físico regular para favorecer la movilidad y el tránsito intestinal. Evitar el estreñimiento mediante el ejercicio sin tener que usar laxantes es importantísimo para eliminar esos tóxicos (materia fecal) que afectan a nuestro organismo.

Pensemos con el cerebro. No dejemos de cuidarnos.

Te puede interesar