El mito de los alimentos afrodisíacos: todo está en la mente

NOTICIAS DE INTERÉS Por Sandra PALACIOS para ABC
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Desde la antigüedad, los alimentos afrodisíacos han despertado un gran interés. Como señala Monica Branni, psicóloga y sexóloga de Platanomelón, la palabra 'afrodisíaco' viene de Afrodita, diosa del amor para la civilización griega. Incluso, comenta que hay pruebas que indican que «en la cultura egipcia se utilizaban ungüentos y alimentos para mejorar el deseo y las prestaciones sexuales de las personas». En Grecia, por su parte, atribuían este poder a comidas elaboradas con marisco o huevo, aunque también se tenían en cuenta aquellos que causaban el efecto contrario, como la lechuga, inhibidora de la producción de esperma, o la cebolla, mala compañera de los besos. Pero, ¿estaban estos pueblos en lo cierto?

Ángel Soriano, nutricionista, opina que se ha otorgado el título de afrodisíaco a ciertas comidas sin una verdadera evidencia científica: «A efectos fisiológicos ningún alimento tiene ese tipo de efecto». No obstante, esa creencia puede tener su origen en que algunos comestibles tienen componentes que, por ejemplo, pueden ser precursores de testosterona en hombres. Sin embargo, aunque sustancias como el zinc o el colesterol pueden ayudar a elevar los niveles de esta hormona en caso de tener déficit, si tus niveles de testosterona son normales, no vas a generar más. Lo que producirás, simplemente, será más colesterol. Por tanto, no es un estimulante, al revés, «la gente con el colesterol alto suele tener sobrepeso y problemas de erecciones, porque la obesidad es otro factor negativo para la sexualidad», aclara.

También se ha relacionado con las comidas afrodisíacas la dopamina. Este nutricionista piensa que el estar sometidos a una cantidad de estímulos que antes no teníamos, nos ha hecho adictos a la 'hormona de la felicidad'. Este neurotransmisor da un placer inmediato, pero es fugaz; en el momento en que desaparece de la boca, nuestra satisfacción también lo hace. Esto ocurre con los alimentos fruitivos, como el chocolate. «Cuando comes algo que te produce dopamina, tu cerebro automáticamente te va a pedir más y, o repites de esa comida o buscas otra alternativa que te la genere, como puede ser practicar sexo». Por tanto, no es que el chocolate aumente la libido, sino que tu cuerpo necesita conseguir más 'droga' como la que te proporciona, en este caso, el chocolate, y el sexo lo hace.

Por el contrario, sí hay elementos que frenan el deseo sexual, entre los que destaca el alcohol. «Hay mucha gente que para desinhibirse recurre al alcohol, pero si te pasas, sobre todo los hombres, pueden tener una disfunción eréctil en el momento», expone Soriano. En el caso de las mujeres, MYHIXEL destaca que las hormonas sexuales femeninas disminuyen durante la menopausia o el embarazo, pudiendo provocar una disminución del deseo sexual y la excitación. Asimismo, comenta que hay evidencias científicas que muestran cómo las personas con trastornos de ansiedad o depresión pueden tener un mayor riesgo de disfunción sexual.

¿Cuál es el motivo por el que te excitas al comer ciertos alimentos? Tu cerebro
Así lo explica Silvia Cintrano, sexóloga y directora de la unidad de Terapia de Pareja del Instituto Centta: «Aunque no existen alimentos que 'per se' generen un aumento en el deseo sexual o activen la excitación, contamos con una mente que es capaz de erotizar casi cualquier estímulo. Como ya adelantó Campoamor, 'todo depende del color del cristal con que se mire'». Así, un estímulo neutro, como un hielo, cuya función es enfriar una bebida, podría utilizarse en juegos sexuales y tomar un cariz erótico. Lo mismo ocurre con ciertos alimentos. «Para conseguir erotizar la comida, se debe prestar atención a todo el contexto: una compañía que seduzca, un ambiente íntimo y confortable, las expectativas de lo que motiva el momento… además de los alimentos que resulten apetecibles. Todo ello genera una serie de asociaciones que facilita la percepción de la experiencia como un estímulo erótico», justifica Cintrano.

Algunos hablan de 'efecto placebo'
Esta sexóloga está de acuerdo en que hay alimentos que tienen fama de ser afrodisíacos, pero pocos (por no decir ninguno) tienen componentes químicos que generen en el organismo una excitación sexual, al menos, significativamente perceptible. «Es esa fama la que genera en las personas una predisposición a un ambiente erotizado». Y pone el siguiente ejemplo: «Para la mayor parte de la sociedad, no es lo mismo si en una cita se toma un champán con fresas, o por el contrario un arroz negro con ali oli. En el ideario erótico colectivo, desde luego, un estímulo destaca claramente sobre el otro. Y no por el alimento en sí, sino por las expectativas que genera cuando aparece». En la misma línea, Monica Branni añade que las prestaciones sexuales mejoran a causa de nuestra propia sugestión.

Uno de los factores que más intervienen en esta erotización de los alimentos es el olfato. Con diferencia es el sentido más potente, pues está situado más cerca del hipotálamo, que es la estructura cerebral responsable de la memoria, y a su vez está conectado con el sistema límbico, responsable de las emociones. «Ello conlleva un registro rápido, generalmente asociado a una emoción. Cuando aparecen ciertos olores erotizados, como puede ser el perfume de una persona que te atrae, se desencadenan recuerdos de esos pensamientos eróticos, situaciones íntimas y emociones positivas, que terminan desencadenando la respuesta sexual», explica Cintrano. Además, si al olfato se le une otro sentido como el gusto, el recuerdo será más potente y será más sencillo que el organismo se excite. De hecho, Branni señala que está comprobado que personas que padecen algún trastorno en el olfato, también tienen bajo deseo sexual. No obstante, Cintrano aclara que para que este deseo sexual aparezca, no solo deben estimularse los sentidos: «Resultará difícil conseguir un aumento de la libido si una persona no se encuentra mentalmente predispuesta, cómoda y segura».

Por último, el recuerdo que tengamos sobre ciertos alimentos son determinantes a la hora de aumentar o disminuir la libido. Como concluye Cintrano, no van a percibir como afrodisíacas las ostras aquellas personas que se hayan intoxicado con ellas, o las fresas un temporero que las recoja cada año. Cada uno buscará y adaptará esos estímulos en función de sus gustos y experiencias.

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