Coronavirus: advierten que estudios científicos inexactos aumentaron la desinformación y el temor a vacunarse

SALUD Por Camila MARTINEZ
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Los indecisos siguen siendo un problema mundial en la campaña global de lucha contra el coronavirus. Es que el temor por los posibles efectos adversos de las vacunas contra el SARS-CoV-2, las posturas religiosas o filosóficas, y la desconfianza hacia la evidencia científica llevaron a un gran segmento de la población global a no querer inocularse y, a ser el nuevo foco de preocupación sanitaria y nuevos contagios con la variante Delta.

Varios estudios científicos con “metodología deficiente y conclusiones inexactas” circulan en las redes sociales y en algunos medios de comunicación, exacerbando la crisis de desinformación sobre el virus, lo que desalienta la vacunación y, sin dudas, pone en peligro la vida de los no vacunados.

La difusión de trabajos de investigación incorrectos en Internet, sin base científica avalada, otorga argumentos ficticios para que cada vez más personas decidan no inocularse. Al respecto, Emerson Brooking, investigador principal residente del Laboratorio de Investigación Digital Forense del Atlantic Council y especialista en la identificación y exposición de la desinformación, le dijo a AFP: “Una vez que un artículo erróneo se publica, el daño es irrevocable”.

En ese sentido, el especialista lanzó: “Las publicaciones científicas erróneas han echado leña al fuego para los escépticos del COVID-19 y los teóricos de la conspiración. Con frecuencia, son objeto de una actividad viral en Internet. Sus conclusiones se filtran además a través de artículos provocadores y engañosos de sitios web marginales”.

La información inexacta sobre las vacunas es especialmente peligrosa en un momento en el que su aceptación se ha ralentizado en Estados Unidos, donde las autoridades sanitarias afirman que casi todas las muertes recientes por coronavirus se están produciendo entre quienes no están inmunizados, ya que el virus busca organismos indefensos para propagarse.

Uno de los ejemplos de desinformación es un artículo publicado por la revista médica Vaccines -titulado “La seguridad de las vacunas COVID-19: deberíamos repensar la política”-, en el que se afirma que las vacunas estaban causando “la muerte de dos personas por cada tres que se salvaban”.

El artículo fue escrito por un científico bastante crítico de las vacunas contra el coronavirus y obtuvo miles de retuits. A su vez, tuvo más de 150.000 vistos en Facebook. Fue tal el impacto que generó esa noticia errónea que la revista se vio obligada a retractar la información de la misma diciendo que contenía “varios errores que afectan fundamentalmente la interpretación de los hallazgos”. La mala información llevó a que cuatro miembros de la junta Vaccines renunciaran, incluida Katie Ewer, profesora asociada e inmunóloga principal del Instituto Jenner de la Universidad de Oxford. “Deberían haber sabido que este documento tendría un gran impacto”, señaló Ewer, quien no participó de esa cuestionada publicación. “Que nadie en la revista se haya dado cuenta de eso es muy preocupante, especialmente para una revista dedicada a las vacunas”, añadió.

Otro polémico artículo fue publicado en el sitio web The Gateway Pundit, donde se informó que un estudio de la Universidad de Stanford encontró que el uso de las mascarillas (recomendadas en todo el mundo para ayudar a frenar la propagación del COVID-19) era “ineficaz y dañino”.

Este trabajo fue titulado “Mascarillas en la era COVID-19: una hipótesis de salud” y fue posteriormente refutado por la revista Medical Hypotheses, según la cual el escrito “citaba artículos de forma selectiva” e incluía “datos no verificados”. No obstante, el artículo llegó a ser compartido en las redes sociales por miles de usuarios en todo el mundo.

Algunas de las revistas científicas más importantes, incluidas The Lancet y New England Journal of Medicine, se han retractado de artículos relacionados con la crisis del coronavirus, pero un número limitado de estudios defectuosos pueden causar grandes daños y desinformación.

“Últimamente, los artículos científicos han salido a la luz pública de una manera sin precedentes, por lo que los expertos deben hacer un mejor trabajo al explicar su creencia o hallazgo a una audiencia no especializada que puede carecer de las habilidades para evaluarlos”, advirtió Maimuna Majumder, epidemióloga computacional en la Escuela de Medicina de Harvard.

Por último, concluyó: “No todos los estudios que se han producido y compartido ampliamente durante la pandemia han sido científicamente sólidos. Esto es particularmente preocupante porque los estudios mal ejecutados han demostrado ser capaces de influir en la toma de decisiones a nivel individual durante la pandemia, entre ellos los relacionados con las vacunas”.

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