Cómo saber si tengo depresión o solo sufro una tristeza pasajera

SALUD Por Carola LEVI
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Este año pandémico nos está pasando factura a todos, en alguna u otra forma. La ya incorporada expresión psicológica “Fatiga Pandémica” recoge la descripción del estado mentalmente fatigado que todos estamos padeciendo. Problemas de sueño, irascibilidad, pérdida de vitalidad, ganas de llorar, ansiedad, pérdida de ilusión por lo que antes era placentero.

Muchas personas de manera natural afrontan situaciones complicadas. Quedan con amigos, hacen deporte, dedican tiempo al autocuidado, están entrenadas en la gestión de emociones y se permiten sentir. Peor para otras personas, lidiar con el dolor emocional es muy complicado. Puedes terminar metiéndote en un bucle, sin saber qué solución poner, cómo cortar el malestar y desarrollando una depresión.

 No es lo mismo estar triste que estar deprimido. La tristeza es la respuesta natural que damos cuando nos encontramos mal, nos han dado un disgusto, tienes una ruptura, algo no te ha salido bien o estás agotado de la situación pandémica. Mientras que la depresión es un conjunto de síntomas que limitan tu vida profesional, personal y social. La tristeza es un sentir, pero la persona sigue trabajando y haciendo su vida normal. La persona reconoce que es puntual, superable.

Una depresión son palabras mayores. España es el cuarto país con más casos de depresión de Europa según la OMS. No se trata de una enfermedad, sino de un trastorno psicológico que altera nuestra vida personal, profesional, familiar y social. Y no, no es por tu falta de actitud. No eres responsable de tu depresión, tampoco de tu tristeza. Vivimos en la tiranía de la felicidad y ser felices parezca casi una religión. Ojalá fuera tan sencillo ser feliz, cada día, en cada momento. Pero resulta que la felicidad, al igual que la tristeza, son emociones. Ninguna tiene más presencia que la otra, coexisten.

¿Cómo reconocer si tengo depresión?

Existen unos criterios diagnósticos en el manual del DSM V que permiten evaluar y diagnosticar en función de los síntomas, la intensidad con la que se manifiestan y cómo incapacitan la vida del paciente.

Algunos de ellos son:

1. Sensación de vacío, de tristeza y melancolía. La idea de que la persona no soy útil suele convertirse en un pensamiento dominante.

2. Abandono de tareas y actividades que antes eran placenteras. De esta manera, la persona realiza cada vez menos cosas que le producen placer y entra en bucle. Hay un desequilibrio entre el tiempo que dedica al disfrute y el que dedica a las responsabilidades o a lo que no le gusta. Una persona con depresión te dirá que su día tiene muchas más sombreas que luces.

3. Ausencia de motivación, de deseo, incapacidad para sentir placer. Esto llevo a no poder comprometerse con los proyectos más básicos y sencillos. No es que no tengan actitud, es que no pueden, no les sale.

4. Tener pensamientos destructivos, desesperanzadores, que distorsionan nuestra imagen y nuestras capacidades.

5. Pérdida de autoestima y de seguridad. Cuando una persona que se ve incapaz de gestionar su vida personal y profesional suele repercutir en su autoestima y seguridad,

6. Alteraciones del sueño, como insomnio o dormir de más.

7. Cansancio y falta de energía, por lo que incluso las tareas más pequeñas requieren de un esfuerzo mayor.

8. Falta de apetito y adelgazamiento, o más antojos de comida y aumento de peso.

9. Necesidad de psicoterapia y seguramente, tratamiento farmacológico. Dejemos de hacer sentir culpable o responsable a la persona que padece depresión. Tiene derecho a salir de ella con ayuda. No eres más fuerte ni más valiente por no tomar fármacos.

10. Dificultad para mantener la concentración o para tomar decisiones.

Cuando tenemos alguien a nuestro lado que sufre depresión solemos arrimar mal el hombro. Tratamos de motivar, de hacer consciente a esa persona de lo afortunada que es en la vida, de que ponga actitud, que se centro en lo que suma. Pero este tipo de ayuda suele tener efectos adversos. La persona deprimida termina sintiéndose culpable de sentirse deprimida y de ser incapaz de poner de su parte. No pone de su parte porque no quiera, sino porque no pueda.

Cómo ayudar a los que están tristes

La persona que circunstancial o de forma más regular convive con tristeza, apatía o tiene depresión, lo pasa realmente mal. Pero los familiares y amigos que están alrededor también sufren. Queremos ayudar y no sabemos cómo. Incluso hay veces en las que, en lugar de ayudar, igual perjudicamos más.
¿Cómo actuar con los familiares y amigos que atraviesan un momento de tristeza? Siguiendo estos consejos seguro que te conviertes en un pilar en sus vidas.

1. No les abras los ojos diciéndole que es una privilegiada. Una persona que está triste sabe, por norma general que, al margen de su pena, tiene una vida privilegiada. Tiene amor, salud, seguro que también un trabajo, un coche, agua para ducharse. Pero no este momento no es capaz de darle valor. Si le recuerdas lo afortunada que es, le harás sentir culpable por no poner el foco en lo que suma.

2. No resuelvas temas, actividades, situaciones que tendría que resolver por sí solo. La sobreprotección impide que la persona esté activa, se responsabilice de su situación y la acomodamos.

3. No le digas todo lo que tú harías. No des consejos que la persona ahora no puede afrontar. Sabe lo que tiene que hacer, pero por el motivo que sea no está preparada para hacerlo. Tus consejos parten de un estado de ánimo en el que sí son posibles. Pero el estado de ánimo del otro no es el mismo que el tuyo. No es que no quiera, es que no es capaz.

4. Bajo ningún concepto relaciones la apatía, la depresión, la tristeza con falta de actitud. “Estos son tonterías, ponle un poquito de ganas y verás qué pronto empiezas a encontrarte bien”. Lo menos que necesita es que le exijas. Estos síntomas suelen acompañarse de una parte química, algún desajuste con los neurotransmisores. Exigir algo que no se puede dar, no hace más que aumentar el problema de tristeza. La persona termina pensando que no está a la altura de lo que alguien normal sí está.

5. Trata sobre de todo de ser empático. No significa que tengas que entender cómo se siente, pero sí de tener más paciencia, ser más flexible, no personalizar el trato o la convivencia que tenéis ahora. Y, sobre todo, preguntar, ¿en qué crees que puedo ayudar?

6. Si se prolonga, tanto en el tiempo como por el tipo de sufrimiento, trata de que busque tratamiento. La mayoría de las veces la visita a un psicólogo o psiquiatra si fuera necesaria la medicación es la mejor manera de prestar ayuda. Por mucho que quieras a la persona que tienes al lado no tenemos la capacidad ni la habilidad para prestarle la ayuda que necesita.

7. Propón alguna actividad que pueda apetecerle para practicarla juntos, a ser posible alguna que ayude a modificar los neurotransmisores. Deporte, meditación, ver películas divertidas juntas, pasear y hablar, quedar con personas con las que se sienta a gusto…

8. Escucha, no interrumpas. Deja que se exprese, que te diga cómo se siente. Pero tampoco permitas que sea el monotema. Está bien poder hablar de cómo te sientes, pero si solo hablas de lo mismo, no somos capaces de tener otras fuentes de información.

Sentirte triste no parezca que sea algo normal, pero es de lo más normal. Haríamos mejor en aprender a reconocer, nombrar y aceptar nuestras emociones. Dejemos que nos hablen, que convivan con nosotras. No son peligrosas. Pero no permitamos que nos dominen.

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