Cómo llevarles calma a los chicos que van a clases presenciales

SER PADRES Por Ivana ALFARO
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En el inicio del ciclo lectivo 2021, la vuelta a las clases presenciales generó un gran debate social y político. Están aquellos que sostienen que la vuelta a las aulas es esencial para el correcto aprendizaje de los chicos y jóvenes, y quienes creen que es un riesgo para los alumnos y el personal docente y no docente por el posible contagio de coronavirus. De hecho, se discutió mucho si los colegios pueden ser un foco de transmisión del COVID-19 y aumentar la curva de infectados en el país. La realidad, es que no hay evidencia científica que demuestre lo anterior.

En medio de esta polémica respecto a si la virtualidad puede reemplazar a la presencialidad, están los alumnos, envueltos en una dicotomía de mensajes cruzados. En las últimas semanas, las fachadas de muchas escuelas de CABA amanecieron empapeladas con afiches conteniendo mensajes en contra de la vuelta a las aulas. Frases como “Basta de muerte”, “Los docentes estamos de luto” y “Contagios en las escuelas” pueden leerse en varios de estos carteles pegados en los establecimientos educativos de la ciudad. Ahora, ¿qué sucede con los niños y jóvenes que al ir a la escuela leen este tipo de mensajes?, ¿pueden generar miedo y afectar el bienestar psíquico de los menores? Con Bienestar habló con dos especialistas al respecto: la psicóloga Ana María Fusaro (M.N. 60.808) y Marisa Russomando, psicóloga de Familia (M.N. 23.189).

Fusaro aclaró que, en primera instancia, los niños/jóvenes son seres pensantes, racionales e inteligentes. “A los ojos de los adultos, muchas veces, aún hoy ha quedado una vieja concepción de que el niño era una suerte de persona que no entendía lo que sucedía a su alrededor. Sin embargo, entienden mucho más de lo que se piensa. La triste situación por la que estamos atravesando hoy en día nos trae a la memoria épocas pasadas, cuando la infancia casi no existía. Si nos fijamos en fotos antiguas de Buenos Aires, veremos niños vestidos con trajes y boinas, con el mismo estilo que los adultos. Con el tiempo, esto fue cambiando, sobre todo en las clases adineradas. Es decir, que desde hace un siglo que, entre los infantes, podemos hablar de un gran distanciamiento de clases”, explicó.

En esa misma línea, la especialista sostuvo: “Hoy, frente a la pandemia y la presencialidad de clases en la ciudad de Buenos Aires, sucede que las familias que tienen la posibilidad de mandar a sus hijos a escuelas privadas (enfatizo aquí la edad de escolaridad primaria), los esperan a la salida con sus mascotas, su monopatín o dispositivos electrónicos para jugar. Los padres conversan, ríen y nadie tiene miedo. Mientras que los niños de las escuelas públicas de barrios más populares tienen miedo y vivencian de cerca la posibilidad de enfermar a sus mayores y también pueden llegar a ver a la escuela como un lugar que puede conducir a la muerte. Sus carencias y vivencias más modestas no siempre les brindan la seguridad que otros niños pueden poseer en sus hogares”.

En lo que refiere a la controversia sobre la presencialidad escolar en CABA como una discusión política, pocos pensaron en las implicancias reales en el día a día de los chicos. Sobre eso, Fusaro explicó que la muerte a su alrededor es una experiencia traumática, que va a llevar muchísimo tiempo erradicar: “La memoria de la infancia es infinita y dura toda la vida. Una vez vivida una experiencia traumática en la infancia, no se vuelve a ser el mismo niño de antes”, dijo.

Por su parte, Russomando le dijo a este medio que “los adultos deben encontrar un equilibrio entre transmitir los cuidados necesarios que los chicos deben tener tanto en su escuela como en su vida cotidiana y la información que se brinda sobre lo que está pasando con el coronavirus, los riesgos que existen y considerar que siguen siendo niños y que la idea es no transmitirles un miedo tan cruel”.

“Desde el año pasado, estamos diciendo todos los riesgos que corremos todos y la verdad es que deberíamos revisar un poco algunas de las informaciones que transmitimos. Después de un año, los chicos ya tienen mucha información, con lo cual habría que alivianarlos en lugar de seguir enriqueciendo el miedo. Hay que transmitirles en cambio que, si nos cuidamos, vamos a estar bien”, sostuvo.

En relación con lo anterior, la especialista advirtió: “Cuando priorizamos a los chicos, transmitimos lo justo y necesario, sin abordar temáticas en un tono que pueda asustarlos o complicarlos. Por lo tanto, no estoy de acuerdo con que esos mensajes estén al alcance de los alumnos porque, además, la escuela es el segundo hogar y los menores deberían encontrar ahí un lugar de tranquilidad, seguridad, cuidado y garantía. Y el cuidado no se refiere sólo a lo físico (en este caso a evitar un posible contagio de covid) sino también a un cuidado emocional. Exponerlos todo el tiempo a mensajes donde el temor, el miedo y terror son los protagonistas, demuestra que claramente no se los está priorizando”.

Russomando aclaró que los chicos ya están atravesando dificultades en relación con toda la información que recibieron y reciben sobre la pandemia. “Los datos que se manejan tienen que ver con enfermos, contagios, muertes, con falta de camas en hospitales, con vacunas que no llegan y el riesgo de la muerte de los mayores y sus seres queridos. La verdad es que es una situación que va en contra de la tranquilidad de cualquier niño. Sin embargo, con un gran esfuerzo emocional y ayuda también de los padres y los profesionales de la salud, están atravesando esta situación tan extrema -como es la pandemia- tratando de estar bien. Ahora, si a eso le sumamos mensajes como los expresados por adultos en esos afiches que no los priorizan, se la hacemos más difícil y les hacemos un mal”.

Entre los consejos que Russomando aconsejó para padres y docentes, figuran:

Hablar con los chicos sobre las cosas que se comentan en la escuela y los afiches que leen.
Comentarles que los docentes están pidiendo ser vacunados y que el reclamo es por eso.
Hacer hincapié en que los padres siempre toman las mejores decisiones para sus hijos y que si los envían a la escuela es porque lo evaluaron y determinaron que era lo mejor.
No sobreexponerlos a la información.
Recordarles cuáles son los cuidados preventivos para evitar el contagio de covid.
Por último, la especialista remarcó que quienes se dedican a la educación y a la salud deberían encontrar las herramientas para que los menores estén atentos en cuidarse, pero no que vivan con miedo y terror a perder a sus seres queridos. “Ya les transmitimos el miedo de que podían contagiar a sus padres y abuelos. Ahora, no podemos también ofrecerles la idea de pensarse como posibles responsables de contagiar a sus maestros, cuando son seres muy cercanos y queridos por los chicos. Se entiende que la escuela haga su reclamo, pero sin descuidar a los menores”, analizó.

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