A nuestro sistema sanitario, ¡salud!

SALUD Por Julia VOSCO
A más de un año de la pandemia, médicos, enfermeros, camilleros, ambulancieros y científicos siguen en el frente de batalla lidiando contra el coronavirus y con la indiferencia oficial.
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En 1940, durante el acto de homenaje a los pilotos británicos que con su acción evitaron una probable invasión de las fuerzas de la Alemania nazi, Winston Churchill, el político y estadista del Reino Unido líder de la Segunda Guerra Mundial, pronunció un brevísimo discurso: “Nunca en el campo del conflicto humano, tantos debieron tanto a tan pocos”.

La frase reflejó el esfuerzo y arrojo de aquellos héroes que dieron todo, incluida sus vidas. Desde entonces, la humanidad no ha dudado en apropiarse de esas palabras para emplearlas en ocasiones similares o como metáfora del esfuerzo extremo en pos de un objetivo loable.

Hoy, unos ochenta años más tarde, y en plena guerra contra el coronavirus, esas palabras cobran nuevo valor porque en esta batalla cotidiana que estamos librando contra ese enemigo microscópico y duro de eliminar, existe en el mundo otro tipo de héroes: médicos, enfermeros, camilleros, conductores de ambulancias, científicos, personal administrativo todos los que se entregaron en cuerpo y alma a investigar, curar, cuidar y acompañar enfermos incansablemente.

Desde hace más de un año, en la Argentina, el país que tiene más médicos por cada 100.000 habitantes que los que hay en 27 países juntos de la Unión Europea (400 facultativos del país sudamericano contra 390 de los europeos, dato de la publicación Redacción Médica), y donde se vienen a formar profesionales de toda América Latina, los actores de nuestro sistema sanitario no tienen descanso.

Durante la primera ola de COVID, trabajaron día y noche, sin pausa. Sus hazañas estaban en boca de todos, especialmente de los funcionarios que se golpeaban el pecho y lanzaban alabanzas de orgullo ante tal calidad profesional y humana y, por supuesto, del pueblo que los aplaudía, se emocionaba y rendía ante semejante entrega.

Y cuando, con la llegada del verano y cierto relax social, el virus nos dio un respiro, todos ellos siguieron conteniendo a enfermos víctimas del Sars CoV-2 y también, atendiendo todas aquellas patologías y estudios que habían quedado relegados durante la pandemia y su larga cuarentena. Sin embargo, el martes pasado, el presidente de la Nación en su comunicado de nuevas medidas restrictivas a las puertas de la segunda ola de coronavirus, lanzó una frase que sacudió las aguas puertas adentro de los hospitales, públicos y privados: “El sistema sanitario también se relajó y priorizó atender otro tipo de necesidades quirúrgicas que podían esperar”. Las réplicas de los involucrados no tardaron en llegar.

Carlos Montaldo es técnico en emergencias médicas (paramédico), coordina los sistemas de Cardio-Seguridad y Emergencias Médicas de los eventos masivos, director del Centro Internacional de Entrenamiento RCP Training, dependiente de ECSI (Emergency Care & Safety Institute de EE.UU). El también presidente de la Fundación Salva Corazones, explica cuál es la realidad con la que se enfrentan los actores del sistema de salud, con o sin COVID: “Las enfermedades cardiovasculares (infarto de miocardio, accidente cerebrovascular e insuficiencia cardíaca) se cobran 100.000 vidas anualmente (280 muertes por día) y no saben de pandemias, no se detienen porque haya una emergencia sanitaria, todo lo contrario, influenciadas por los efectos de la pandemia ya sea por secuelas físicas o psicológicas se potencian y aumentan en un promedio de un 25%. Lejos de ser un relajamiento, se prioriza atender lo que se postergó por priorizar el COVID. En la Argentina, como todos los años, fallecieron cerca de 40.000 personas por paro cardíaco, NO COVID”.

Montaldo vivió también desde lo personal esta coexistencia del virus con otras patologías igualmente letales si no se atienden en tiempo y forma: “En mi caso personal, mi hermano recibió una angioplastia y le colocaron cuatro stent de urgencia en el Hospital Fernández porque, insisto en que las emergencias médicas se siguen manifestando por más pandemia que haya. El personal de la salud NO SE RELAJÓ, simplemente priorizó SALVAR VIDAS…”.

Según un informe de la Cámara Argentina de Especialidades Medicinales (CAEME) de enero de 2020, sobre morbilidad hospitalaria, más de la mitad de los egresos por patologías (52%) está asociada a las enfermedades crónicas no transmisibles, entre las que se destacan las digestivas (10%), cardiovasculares (6%), genitourinarias (6%) y el cáncer (11%).

Es decir, que desde el comienzo de su reinado, el coronavirus convivió con otras patologías que quedaron ocultas a la opinión pública por el protagonismo del huracán COVID-19. “No nos relajamos, estuvimos el 100% ocupados con el COVID y cuando aflojó un poco, empezamos a ver los pacientes que habían quedado relegados. Un paciente con un tumor o con una enfermedad vascular o una patología cardíaca que requiere un tratamiento invasivo, es decir, quirúrgico o una angioplastia, puede esperar solo un tiempo prudencial. Ni siquiera tuvimos vacaciones”, explica Pablo Pratesi, jefe de Terapia Intensiva del Hospital Universitario Austral.

Y amplía: “El personal de salud en general está saturado, agotado. Hay conceptos que son básicos: no se trata de incorporar más camas de terapia intensiva o más respiradores sino que hay que poner el recurso humano entrenado para eso. Se requieren políticas sanitarias a largo plazo y no se pueden dejar de atender las urgencias. No es relax lo que hubo, todo lo contrario, hubo más trabajo”.

Desde su trinchera platense, Diego Bares, jefe del Servicio de Clínica Médica de Admisión del Hospital Gral. San Martín de La Plata cuenta su experiencia desde la llegada del COVID en uno de los centros de salud bonaerenses más activos: “Somos el servicio que, desde el inicio de la pandemia, más pacientes hemos hisopado en la provincia de Buenos Aires. Hicimos unos 12.000. Nosotros determinamos quién se va de alta, quién se interna en clínica o quién va a terapia. Paralelamente, también hacemos una evaluación de todas las urgencias. Tres o cuatro médicos por guardia, las 24 horas, los siete días de la semana, con un sistema colapsado y con un período de descanso recortado. La declaración del presidente me parece absolutamente divorciada de la realidad, ese concepto nada tiene que ver con lo que ocurre en el campo de batalla, en lo cotidiano, el equipo de salud (enfermeros, médicos y personal administrativo) somos los que realmente estamos enfrentando la catástrofe pandémica que nos afecta. En estos días, en este hospital, tenemos una ocupación de camas de terapia y de clínica que alcanza el 90/100% y nos obliga a redistribuir médicos de otros servicios. Esta manifestación oficial es una manera de ganar tiempo frente a la no llegada de vacunas”.

Mal remunerados, la mayoría necesita de varios empleos para poder llegar a cubrir sus gastos mensuales; ponen en riesgo su salud por estar en contacto permanente con todo tipo de enfermedades; extenuados porque hace más de un año que el coronavirus y sus variantes los sume en largas y agotadoras jornadas de trabajo en el que ponen mucho más que su físico. Y sí, son los del sistema sanitario, esos que nos vienen cobijando entre barbijos, guantes y lentes de protección. Los que a la mayoría nos inspiran respeto y al que algunos (poquísimos por suerte) tildan en relax. Claro que en el mundo real y concreto de hoy, a las palabras se las puede llevar la primera o la segunda ola, pero las acciones quedan y son las que nos permiten sostener una y otra vez que en tiempos del coronavirus “nunca tantos (incluido el Presidente) le debemos tanto a unos pocos”. Infinitas gracias.

Fuente: TN

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