Cómo acompañar mejor a nuestros hijos ante la suspensión de las clases presenciales

SER PADRES Por Carola LEVI
Necesitamos contextualizar las medidas ante una realidad amenazante y urgente como la de esta pandemia.
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Esto ya lo vivimos. Con lo bueno y lo malo, las familias cuyos hijos no tendrán clases presenciales durante los próximos 15 días, ya saben lo que son las clases virtuales. Aprendieron cómo manejar las rutinas con los chicos en casa y, aunque cueste verlo si hay enojo, hay algo mejor: se puede salir de 6 a 20 horas, respetando la distancia y usando barbijo. Pero hay más cuestiones que recomiendo tener en cuenta.

Primera tarea
Como padres, lo primero es poder contextualizar la realidad. Es decir brindar un encuadre a la nueva medida de suspensión de clases presenciales.

La realidad cruda es la pandemia, fenómeno amenazante a nivel mundial que nos obliga a un aprendizaje constante para acomodar las “reglas de juego” que nos rigen.

Son tiempos de adversidad y cuando hay amenaza-urgencia, las medidas se alejan de lo ideal y se acercan a lo posible. Sólo hacemos lo que es posible, no lo ideal. ¡Todos sabemos que lo ideal es ir al colegio, eso no está en discusión!

Segunda tarea
Acompañarlos en la frustración que sienten. Tener juntos “una rabieta de descarga” pero que dure lo menos posible.

La protesta y la frustración adulta frente a la mirada de nuestros hijos deberían durar lo menos posible. Nunca podemos presentarles solamente puertas cerradas. El enojo nos consume la energía que necesitamos para encarar la próxima cuestión.

Tercera tarea
Es encontrar siempre vías de salida, cuando se cierra una puerta, nosotros, padres, abrimos otra. Y respecto de aislamiento y virtualidad hemos aprendido muchísimo. Tenemos una gran ventaja y es que podemos salir durante el día, esto marca un gran respiro. Hacerles saber que son medidas transitorias que, en principio, durarán dos semanas.

En esta realidad “modo casa parte II”, los invito a repasar lo aprendido. Los Sí y los No que nos pueden ayudar:

Sí a proponer un ritmo, un orden, una rutina que nos contenga a todos proponiendo momentos de responsabilidad, de ocio y recreación. También momentos de actividad física y de sociabilidad.

No al tiempo “chicloso, pegajoso” que construye una “mismidad”, sin distinguir mañana, tarde o noche y que confunde actividades sin principio ni final.

Sí a levantarse a la mañana, asearnos, sacarnos camisón o pijama y cambiarnos con ropa cómoda de “entrecasa” y a tomar el desayuno tranquilos, sin apuro.

Sí a “ir al colegio” que durante estos días será la mesa del comedor. Es un buen lugar, porque estamos sentados, tenemos dónde apoyar útiles y nos podemos concentrar. Ayudaremos a los de preescolar para que se entretengan dibujando, pintando, recortando, pegando, haciendo collages o jugando con masa.

No a estar totalmente sedentarios, pegados pasivamente a las pantallas, porque nos veremos envueltos en una nube densa de malhumor e intolerancia.

Sí a visitar a los abuelos vacunados y a andar en monopatín, bicicleta o caminar al aire libre. ¡Plazas y espacios verdes son nuestros mejores aliados!

No a convertirnos en padres inflexibles, intolerantes y rígidos porque no llegaremos a buen puerto.

Finalmente, como padres vamos a necesitar otra vez una gran dosis de paciencia. Para encontrarla y que no se agote nuestra capacidad de generar recursos, la clave es poder retirarse un rato cada día, de hecho hay parejas que han armado un ritmo que les asegura tiempo libre de chicos por una o dos horas a cada uno. ¿Lo probaron? ¡Como adultos debemos poder encontrar serenidad y sentido común y ese será el mejor regalo para nuestros hijos!

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