Lo que quizá aún no sepas de la famosa fatiga pandémica

SALUD Por Julia VOSCO
El Covid-19 y las emociones tienen algo en común: son invisibles y altamente contagiosos
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Primavera, verano, otoño e invierno. Cada año vivimos y asumimos la llegada de las diferentes estaciones del año porque hemos crecido con ello. Es algo que no nos planteamos que sea diferente aunque tengamos preferencia por una estación en concreto. Así, cuando llega la estación que menos nos agrada solemos acogerla con más o menos queja, pero al final siempre nos decimos «¡es lo que hay y ya pasará!» y procuramos seguir nuestra vida con normalidad. Con la pandemia sucede algo similar, según explica la psicóloga y doctora en Neurociencia, Ana Asensio, pues estas circunstancias de limitación, de riesgo para la salud, de encierro, de toque de queda o de problemas económicos no nos agradan y también los acogemos con más o menos queja. Pero, a diferencia de lo que ocurre con las estaciones (cuyas fechas de comienzo y final sabemos), lo que nos pasa con la pandemia es que nuestro cerebro ha empezado a creerse que esto no acabará. Y eso, sumado al cansancio, es lo que genera esa fatiga pandémica y esa actitud depresiva que estamos observando tanto en el entorno como en nosotros mismos.

Esta sensación es un estado normal, según revela la creadora del poryecto 'Vidas en positivo', pues nos encontramos en un momento contractivo no expansivo, a pesar de nuestra resistencia a la contracción que se manifiesta a través de nuestras expectativas, nuestras ilusiones, nuestras ganas de cambio, nuestras ganas de arrancar, nuestras ganas de hacer planes, las ganas de tener buenas noticias o las ganas de sentirse vivo como antes.

Instalados en el «¡Lo mío es peor!»
Son muchas las personas que están atravesando algunos de los momentos más difíciles de sus vidas. Hables con quien hables da la sensación de que cualquier persona tiene su desgracia particular o, si no lo está viviendo en primera persona, conoce varios casos de otras personas cercanas que lo están pasando peor que nunca. Parecemos instalados en el «¡Pues anda que yo!», o en el «lo mío es peor» y, aunque puede resultar descorazonador pensar que existe una tendencia a recrearse en lo malo que está pasando la psicóloga explica que es un comportamiento lógico si tenemos en cuenta el contexto tan duro en el q¡que estamos viviendo. «Venimos de un año difícil, sin precedentes, en el que hemos vivido muchos cambios, muchas restricciones, muchas penas y mucha incertidumbre. Y todo esto acumula estrés en nuestro cuerpo y deja las emociones alteradas», revela.

Aceptar lo que hay, rendirse sanamente y abrirse a todos los cambios es su propuesta para reconducirnos en este contexto. Es el momento, según propone Asensio, de vivir el presente y no hacer planes a medio plazo, de tener la mente abierta y abrirse a posibilidades nuevas en lugar de buscar la inercia de querer volver a lo de siempre, de ayudarse con herramientas y estrategias para mantener el equilibrio mental en lugar de luchar contra las circunstancias y las emociones; y de pasar a sentirse dueños de nuestra actitud en lugar de castigarse y lamentarse.

Para ello la experta invita a entrenar los pensamientos y la actitud orientándolos hacia tres caminos: el autocuidado, la esperanza y la paciencia; al tiempo que propone bajar la alerta y dejar de aventurar cuál será el nuevo desastre que nos depara el futuro, pues eso solo alimentará el desasiego y la fatiga. «Es importante instalarse en el pensamiento de que, aunque no sabemos cuándo, esto sí que pasará. Y mientras tanto debemos valorar que estamos aprovechadno estos momentos para unirnos más a los nuestros, aunque sea virtualmente, para descansar de la vida social, para estar más en contacto con nosotros y para replantearnos cosas de nuestra vida que estaban pendientes. Y esos son regalos de vida que nadie nos quitará», argumenta.

Además, la creadora del proyecto 'Vidas en positivo' recuerda que, como especie social que somos, nos contagiamos mucho de lo que le sucede al de al lado y de lo que hace la mayoría. Por eso propone plantar cara a la fatiga pandémica tomando como un mantra la creencia del «esto también pasará». Por un lado recomienda invertir en uno mismo, en su bienestar y su salud y, por otro, aconseja recuperar la energía con música, recuerdos bonitos, movimiento y paz interior.

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