Por qué no dejo de pensar en comer y cómo reducir mi ansiedad

ALIMENTACIÓN Y SALUD Por Julia VOSCO
El hambre emocional es un mecanismo con el que buscamos paliar el estrés y la ansiedad a través de la alimentación
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La gestión del estrés y la ansiedad no es nada fácil. No solo nos afectan a nivel mental, sino que de manera sistemática se traduce en comportamientos y cambios físicos. Así, hay quienes se muerden las uñas por nervios, quienes cuando están estresados sufren fuertes dolores de cabeza o quienes en un ataque de nervios se dan un atracón de comida.

Nuestra relación con la comida a nivel emocional es esencial. Vivimos un momento en el que podemos acceder con facilidad a alimentos muy grasos y repletos de azúcares con sabores muy potentes pero nada saludables. De esta manera, la comida se convierte en un vehículo para encontrar un placer momentáneo de manera muy fácil y rápida, un hábito que puede tener muchas consecuencias negativas. «Muchas veces utilizamos la alimentación como un recurso para afrontar el estrés, ansiedad u otros problemas», explica la nutricionista Laura Jorge.

¿Y por qué en momentos como estos recurrimos a la comida? Comenta la nutricionista Fran Sabal que una de las razones principales es la facilidad con la que podemos acceder a ella. Argumenta que la comida «tiene un efecto sobre nuestro cerebro similar al que producen las drogas», lo cual nos genera una felicidad momentánea. «El problema está en que, a largo plazo, estamos 'enganchados' a la comida, y no solo no curamos la ansiedad ni el estrés, si no que ganamos peso y perdemos salud», apunta Sabal.

Comer de más sin darnos cuenta
Más allá de momentos puntuales en los que puede ocurrir un 'atracón' de comida, cuando se siente ansiedad o estrés, por lo general se tiende a comer peor en todo momento. «No somos conscientes del momento en el que hacemos las comidas diarias, muchas veces se come en 10 minutos y de pie», comenta Laura Jorge, que señala la importancia de comer relajados y disfrutando de la comida y del momento, ya que comer estresados suele llevar a comer más cantidad y productos más calóricos.

Si hablamos de la nutrición o alimentación emocional, no solo lo hacemos de comer más de la cuenta. Es muy común esa sensación en momentos de estrés, pena o rabia, de que se 'cierra el estómago'. «El hambre emocional realmente es la falta de poder observar las emociones que estamos sintiendo y querer anestesiarlas de una u otra manera. Generalmente lo hacemos comiendo, pero también hay casos de personas que en situaciones de estrés angustia o tristeza, hacen todo lo contrario, no comer», explica Fran Sabal, que añade que lo importante en estos casos es «mirar de frente los sentimientos» para saber de dónde vienen y por qué.

Alimentación consciente
La clave para evitar recurrir a la comida para solventar nuestros problemas es la consciencia. Es importante detenerse, observarse y poder determinar qué comemos, por qué y cuándo. «Muy pocas veces nos detenemos a observar cómo nos estamos sintiendo a la hora de elegir nuestros alimentos. Preguntas tan sencillas como '¿Qué estás pensando antes de comer?' o '¿Realmente estás acudiendo a la comida para alimentarte o estás buscando anestesiar alguna emoción?' pueden marcar una diferencia», asegura Sabal.

Hay problema en el hambre emocional que llega tras la ingesta de los alimentos: la culpa. Y es que, si reconocemos que nos hemos dado un atracón, o que hemos comido de más solo por nervios, la tendencia suele ser machacarnos y culpabilizarnos por ello. «Comer un poco más o un poco menos no te convierte en un culpable ni mereces ser castigado por ello, es simplemente la manera que has encontrado de calmarte y contenerte», asegura la nutricionista Fran Sabal, que recalca la importancia de «no darle a la comida una responsabilidad que no tiene». Tal como explica lo importante no es castigarnos por comer de una manera emocional, sino ser capaces de ver lo que nos está sucediendo y de poder elegir mejor.

Snacks saludables
Si en algún momento sentimos que necesitamos comer, y somos capaces de determinar que lo hacemos por nervios o estrés, un punto medio puede ser comer algo, pero optar por un alimento saludable y saciante. La nutricionista Laura Jorge nos deja varias opciones:

-Fruta

-Fruta con una cucharada de crema de cacahuete o con 1 onza de chocolate puro (superior al 85% de cacao) derretida 

-Palomitas caseras

-Un bol de tomates cherry con requesón

-Yogur griego natural con canela y 15-20g de frutos secos al natural

Estos son 'snacks' saludables que nos ayudan a 'matar el gusanillo' y evitar en un momento de estrés terminar tirando por los ultraprocesados.

Buenos hábitos para no comer desde las emociones
Por último, deja también una serie de pautas sencillas para 'tratar el tema de raíz' y poco a poco, ser más conscientes de cómo es nuestra alimentación y por qué comemos lo que comemos.

-Hacer una buena compra, para así evitar tener en casa productos ultraprocesados que debido a su composición nutricional nos incitan a comer mayor cantidad.

-Organizar el menú semanal, clave para comer sano y llevar un orden en las comidas.

-No llegar a las comidas principales con un hambre voraz.

-Incluir en comidas y en cenas una buena cantidad de verduras y hortalizas, que nos sacien.

-Beber agua. 

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