La verdad sobre la higiene íntima, el olor vaginal y el color del flujo

SALUD Por Carola LEVI
Antes de conocer cuál es la mejor forma de mantener limpia nuestra zona más íntima, hay que tener en cuenta que esa parte del cuerpo desprende olor y flujo vaginal de forma natural
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Los estantes de cuidado personal en las farmacias y parafarmacias ofrecen una amplia variedad de productos de higiene íntima, especialmente para las mujeres. Incluyen jabones, toallitas húmedas para llevar allá donde vayamos, geles y muchos otros productos; el tipo de cosas que prometen limpieza e higiene para las partes íntimas y sensibles de nuestro cuerpo.

Pero un estudio reciente a más de 1.400 mujeres, realizado por investigadores en Canadá, mostró que el uso de productos de higiene íntima puede aumentar el riesgo de infecciones vaginales y del tracto urinario. Entonces, ¿cuál es la mejor manera de cuidar las partes personales?

Flujo vaginal
Antes de conocer cuál es la mejor forma de mantener limpia nuestras zonas más íntimas, hay que tener en cuenta que esa parte de nuestro cuerpo desprende olor y flujo vaginal de forma natural, y eso va a ser determinante a la hora de que se mantenga limpio. Tal como cuenta Belén Gómez, ginecóloga del Hospital Infanta Leonor y colaboradora habitual de Chilly, el flujo vaginal, o sea, lo que abarca cualquier fluido no menstrual que salga de la vagina, cambia de forma fisiológica en función del momento del ciclo menstrual, la fase reproductiva de la mujer, gestación, lactancia, etc.: «Un flujo claro, de cantidad variable, sin otra sintomatología, es normal y puede aumentar en cantidad durante la ovulación, o ser más escaso en menopausia o si se toman anticonceptivos», aclara la experta. En cambio, cuando este flujo cambia de color (verdoso, amarillento), consistencia (espumoso, grumoso y espeso), olor (desagradable) o se acompaña de otros síntomas como escozor o picor, puede indicar la existencia de una infección bacteriana o fúngica que requiera tratamiento: «En ese caso es recomendable acudir a un ginecólogo para que realice un exudado vaginal y ofrezca un tratamiento adecuado a cada situación».

Dado que los genitales tienen su propio olor, ya que están rodeados de piel, pelo y glándulas sudoríparas, es normal que al final del día o tras actividad física u otra actividad que implique sudoración, los genitales tengan un olor más fuerte, pero con la higiene diaria con geles íntimos específicos que cuiden la flora vaginal sin alterarla, sería suficiente.

No obstante, tal como dice la ginecóloga, cuando el olor habitual de los genitales cambia de forma importante y se percibe como desagradable, podría ser síntoma de que la flora vaginal sea insuficiente, de algún tipo de infección (olor a pescado en caso de vaginosis bacteriana) o, en algunos casos, consecuencia de retención de cuerpos extraños en vagina (típicamente un tampón higiénico olvidado). «En estos casos, acudir a un ginecólogo sería la opción más correcta», concluye.

Además, cabe destacar que cuando ponemos tratamiento a nuestros problemas sin tener claro lo que nos ocurre podríamos estar tratando con productos que no debemos y alteramos el ecosistema a la vez que entorpecemos la mejora de esa patología.
Una higiene correcta
Primero de todo hay que relajarse y no «sobreproteger» esta zona corporal. La Dra. Lola Ojeda, especialista en Ginecología y Obstetricia en Women’s, centro miembro de Top Doctors, recomienda «no exagerar» con esta limpieza: «No hay que ser más exagerado en esta zona que en el resto del cuerpo. Lo que sí que tiene que quedar claro es que hay que utilizar un gel adecuado a las características de nuestro medio vulvar», dice, recordando que «la higiene debe ser externa y nunca interna».

Lavar nuestras partes más íntimas debe hacerse con geles cuyo pH sea adecuado, con componentes precisos y no agresivos frente al medio vulvar. «En la etapa de edad fértil nos debemos fijar más en la circunstancia de higiene íntima por el tema de evitar enfermedades de transmisión sexual, si bien eso no quiere decir que no vayan a ocurrir en otras etapas de la vida, pueden ser más frecuentes en la etapa de vida fértil», comenta. Lo mejor es preguntar qué gel de higiene íntima hay que utilizar, pero no por hacer muchos lavados al día va a ser mejor, todo depende de cada mujer. Lo ideal, según la ginecóloga Lola Ojeda es hacer un lavado por la mañana y otro por la noche.

En todas las edades los expertos en ginecología aconsejan utilizar ropa interior de algodón y no de fibra y que no esté ajustada durante todo el día.

Belén Gómez cuenta que nuestra zona genital es un área muy sensible de nuestro cuerpo que está expuesta a sudoración y a gérmenes que colonizan habitualmente el área digestiva y necesita, al igual que el resto del cuerpo, de una higiene diaria: «Necesita higiene y cuidados diarios, teniendo en cuenta que es una zona sensible con unas características especiales que hay que mantener. Al igual que la piel o el cabello, la zona genital posee un pH específico, en este caso, un ambiente ácido que condiciona la existencia o no de gérmenes habituales o patógenos a ese nivel».

La experta, para quien es importante mantener estas condiciones si se quiere llevar a cabo una higiene correcta y saludable del área genital, da las claves y comenzaremos con una higiene correcta diaria, ya que lo ideal es lavarse la zona íntima una única vez al día, en condiciones normales. «Podemos aprovechar el momento de la ducha, empleando un gel específico para la zona íntima que mantenga las condiciones naturales de nuestra flora vaginal sin alterarla. La higiene se realiza únicamente por fuera, con movimientos de delante hacia atrás, para evitar el arrastre de gérmenes del aparato digestivo hacia la vagina», explica, recomendando Chilly Delicado, enriquecido con elementos calmantes. «Y en el caso de realizar ejercicio intenso o tener relaciones sexuales, hay que repetir la higiene íntima, siguiendo las recomendaciones descritas anteriormente», aclara.

Toma de probióticos
Tal como aconseja Lola Ojeda, para preservar la salud vaginal hay que tener la consideración del uso de probióticos, especialmente cuando esta va a ser tratada con antibióticos orales: «Los antibióticos orales destruyen la flora vaginal y las bacterias patógenas. Las que no son patógenas también dejan el microbioma digestivo y ecosistema vaginal desprotegidos y pueden darse diarreas, infecciones...».

Ana Colomer, dietista-nutricionista, asegura que los probióticos se pueden encontrar, por ejemplo, en el yogur o en suplementos alimentarios, entre otros: «Los probióticos naturales son los que encontramos de forma natural en los propios alimentos. El yogur contiene probióticos al ser leche altamente fermentada, y estos microorganismos vivos se les conoce como lactobacillus». Continúa contando la experta que estos lactobacillus son los que ayudan a regenerar la microflora y floras pudiendo llegar a mejorar las digestiones, evitar los gases y reducir las diarreas o el estreñimiento. Al parecer, otro producto que ha salido recientemente al mercado con probióticos es la kombucha, una bebida fermentada.

En los suplementos probióticos, en cambio, encontramos una gran variedad ya que existen millones de cepas: «Según el fin del uso del probiótico se debe de elegir un tipo u otro, y en función de las cepas que contenga un probiótico, el suplemento estará más destinado a regular el transito intestinal o mejorar las digestiones, entre otros», cuenta la experta. Para la nutricionista es muy importante consultar a un especialista sobre los efectos que producen estos suplementos antes de iniciar la suplementación.
Duchas vaginales, ¿sí o no?
Las duchas vaginales no están recomendadas de forma habitual sin una indicación médica. Dice Belén Gómez que la higiene íntima debe realizarse únicamente en la zona externa, ya que el interior de la vagina dispone de un ecosistema vaginal que debemos mantener, «ya que nos protege del crecimiento de gérmenes externos no deseados y de aquellos que se encuentran en nuestro aparato digestivo o la piel».

«Solo en casos muy específicos, el ginecólogo puede recomendarte este tratamiento complementario en la erradicación de determinado tipo de infecciones», indica la experta.

Lola Ojeda, por su parte, añade que «no aportan nada» y pueden ser peligrosas para la vagina, cuyo ecosistema hay que preservar: «Cualquier producto puede empeorar el medio vaginal y hacerlo más susceptible de infecciones, y aunque en todas las etapas hay que tener cuidado con lo que usamos, durante la posmenopausia es cuando tenemos que ser menos agresivos y más conservadores con los productos que utilizamos», concluye.

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