Por qué a algunas personas les hace infeliz ver la felicidad ajena

POR UNA VIDA MÁS SALUDABLE Por Julia VOSCO
Pese a que mayoritariamente se puede relacionar con envidia, cabe abrir un poco más la mente y pensar que, tal vez, la actitud de esa persona signifique que no está preparada para conectar con la felicidad de los demás porque no encuentra la propia
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¿Será envidia o indiferencia eso que sienten algunas personas cuando les cuentas algo bueno que te ha sucedido? La envidia, según la Real Academia Española, es definida como un sentimiento o estado mental en el cual existe dolor o desdicha por no poseer uno mismo lo que tiene el otro, sea en bienes, cualidades superiores u otra clase de cosas tangibles e intangibles.

Lo cierto es que muchas veces se pone el foco en la envidia que se puede llegar a sentir cuando otra persona tiene algo que uno querría para sí mismo tener pero la psicología Patricia Fernández considera que es necesario preguntarnos qué hay debajo de esa envidia. «Debajo de ella está la no responsabilidad en cuanto a los actos que una persona sí que hizo vs la que no. Es decir, yo puedo tener envidia de que una persona haya encontrado trabajo pero en el fondo pueden haber otras emociones más como la frustración y la tristeza porque yo no me puse a buscar trabajo, a realizar esos pasos que la otra persona sí que dio para acercarse con su objetivo», expone la psicóloga.

Entonces, y pese a que mayoritariamente se puede relacionar con envidia, cabe abrir un poco más la mente y pensar que, tal vez, la actitud de esa persona signifique que no está preparada para conectar con la alegría de los demás y con la felicidad ajena porque la suya propia no la encuentra y eso supondría todavía mayor malestar. Explica Patricia Fernández que muchas veces se trata de un método de protección: ver parejas felices y contentas cuando quizá se está superando una ruptura intensifique el malestar y pesar... «Hay quienes evitan directamente conocer o saber sobre dicha felicidad de alguien con el fin último de no replantearse la suya propia».

Características de estas personas
Por tanto, la felicidad de otros puede doler porque puede hacernos conectar con nuestra propia infelicidad. ¿Por qué concretamente? Porque puede hacer que nos planteemos preguntas cuyas respuestas nos molestarían e incluso dañaría responder. Patricia Fernández alerta de que esto es más común de lo que pensamos: «Cuando uno tiene esa sensación de incomodidad frente a la felicidad ajena le animo a preguntarse sobre cuál es el motivo de ese sentimiento y qué podría hacer dicha persona para llegar a no sentirlo».

Sin embargo, esto no tiene por qué ocurrir con cualquier aspecto de la vida; por ejemplo, es más frecuente que pueda llegar a molestar o a tener envidia alguien que sufre de desamor al ver a una pareja súper feliz y enamorada, pero si esa misma pareja ha conseguido otros objetivos que no son del interés de quien sufre con la felicidad ajena, ahí no tiene por qué aparecer el sufrimiento ni envidia.

No obstante, sí existen algunas características en común de aquellos que con frecuencia no se alegran del bien ajeno, aunque Patricia Fernández no está de acuerdo en generalizar: «No me atrevería a generalizar sobre "ese tipo de personas" pero sí que es cierto que aquellas personas que sienten ese sentimiento de envidia ante la felicidad ajena pueden ser porque tienden a moverse entre tres características generales».

- Mantenerse siempre en la comparativa. Compararse con los demás hace que siempre puedas encontrar a alguien que esté mejor que tú y que por lo tanto, pueda molestar.

- Tener un juez crítico interior. Tener una voz que siempre te recuerda que podrías estar mejor y que si Fulanita/o puede por qué tú no. Empieza entonces, a sacar defectos que lejos de animar, merman la capacidad y valía personal.

- Una autoestima baja. Cuando las personas son envidiosas, pueden tener una autoestima baja y llegar a pensar que el ser humano es valioso e importante en función de lo que tienen (material o personalmente) en lugar de por el simple hecho de ser.

«Si en algún momento una persona nota que suele estar irascible y molesta ante el bienestar y la felicidad ajena, siempre puede solicitar ayuda a un profesional de la salud mental que le ayude a revertir dicha situación», aconseja Patricia Fernández.

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