Por qué hay que bajar “la pancita” de la cuarentena

El aumento del perímetro abdominal se asocia con un incremento del riesgo de padecer enfermedad cardiovascular, problemas estomacales y otras complicaciones en la salud.
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El aumento de peso promedio de 2020 fue de cinco kilos. No es de extrañar: fue el año en que estuvimos más quietos, más encerrados y engordando por la falta de ejercicio. Esa “pancita” que nos dejó a algunos la cuarentena tiene que bajar y no sólo por una cuestión estética, sino de salud.

La grasa que se acumula por debajo de los abdominales produce ciertas sustancias que enferman al hígado, al páncreas y a las arterias. El sobrepeso puede ocasionar, además, problemas en las articulaciones de las extremidades inferiores y la cadera, así como malas posturas.

“En general, cuando el perímetro de cintura y tórax es tan alto es porque hay grasa en el espacio intravisceral que deja sin lugar a los órganos, por lo que se abren las costillas. Esto hace que los órganos trabajen bajo presión y sobreexigidos”, expone el antropometrista Facundo Crescenzo (M.N. 6769).

La acumulación de grasa en esa zona también genera una distensión abdominal que puede provocar una hernia de hiato. Esta afección se produce cuando la parte superior del estómago se extiende a través de una abertura en el diafragma hasta ingresar en el tórax y quedar por encima del esógafo.

“La hernia de hiato genera reflujo y acidez constantes que pueden causar diferentes patologías. El ácido llega al esófago, que no está preparado para recibirlo, y se quema de a poco. Así, se originan afecciones de diversa gravedad, como cáncer de esófago o daños predigestivos”, indica Crescenzo, que además es nutricionista.

Por otro lado, estudios científicos comprobaron que el aumento del perímetro abdominal se asocia con el síndrome metabólico, que incrementa el riesgo de padecer enfermedad cardiovascular. Las dos más frecuentes son el infarto agudo de miocardio y el accidente cerebrovascular (ACV).

“El aumento del perímetro abdominal se asocia con un incremento de los valores de presión arterial, de los triglicéridos (un tipo de grasa que se encuentra en la sangre), del colesterol malo (LDL) la resistencia a la insulina (por lo que se tiene más tendencia a la diabetes) y puede dar indicios de un estilo de vida sedentario. Todos son factores de riesgo que favorcen el desarrollo de enfermedad cardiovascular”, precisa el cardiólogo Hernán Provera (M.N. 112.732).

Cuando la persona empieza un plan de actividad física y se reduce el perímetro abdominal, todos los valores que se habían alterado como los triglicéridos, el colesterol LDL, la presión arterial y la glucemia, empiezan a mejorar. “El paciente con sobrepeso puede requerir medicación para disminuir el riesgo y, a medida que adelgaza y los valores se empiezan a acomodar, se le retira la medicación de forma progresiva”, destaca el cardiólogo.

Cómo bajar la “pancita”
Para poder contrarrestar las consecuencias de una barriga prominente, hay que cambiar los hábitos. Los especialistas recomiendan un tratamiento llamado “higiénico-dietético”, que es independiente del empleo de medicación. Lo higiénico se refiere a tener una vida saludable. Es decir, hacer actividad física, dormir de forma adecuada y no fumar.

En cuanto a lo dietético, consiste en alimentarse de manera adecuada. Esto incluye tratar de que la mayoría de las proteínas que se consumen no sean de origen animal, sino vegetal; incorporar pescado a la dieta; no saltarse comidas; estar bien hidratado; reducir la ingesta de sal y evitar frituras.

“Nosotros siempre aconsejamos ese tratamiento que lleva un tiempo porque es producto de un cambio en la conducta. Pasar por el quirófano elimina el riesgo de forma transitoria, pero si se mantienen los hábitos poco saludables, con el correr de los meses uno vuelve a tener la misma panza”, afirma Provera.

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