Qué es el síndrome de la silla vacía y por qué esta Navidad incluye un nuevo significado

NOTICIAS DE INTERÉS Por Carola LEVI
Al sentimiento que produce la pérdida de un ser querido en este año tan duro se une la necesidad de ser selectivos en nuestra familia a la hora de reunirnos en fechas señaladas
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Familiares distanciados, reuniones limitadas en número de personas y en horario, abuelos y nietos que no se pueden abrazar, fechas señaladas que se vivirán en soledad o junto a los seres queridos, pero a través de una pantalla... En estas fiestas marcadas por la pandemia y por las restricciones derivadas de la evolución del contagio del Covid-19 son muchas las personas que necesitan gestionar sus emociones y expectativas sobre lo que puede o no depararnos esta situación sin precedentes.

Uno de los efectos más duros que vivirán más hogares que nunca en esta Navidad es el «síndrome de la silla vacía». Este «síndrome» reúne aquellos sentimientos que se agolpan tras la pérdida de un ser querido y que se sienten de una manera más intensa en fechas señaladas, como las citas navideñas. Es frecuente que, tal como explica el psicólogo Xavier Savin, la melancolía se intensifique durante las reuniones familiares y tengamos la frecuente sensación de que falta alguien en un lugar de la mesa. Incluso en muchas familias se da la situción de que se lugar (esa silla) no es ocupado por ninguna otra persona.

Para la psicóloga Alba Valle, este «síndrome», que se siente casi como una «amputación», resulta especialmente complicado en una festividad que suele demandar mucha alegría. «La Navidad hace que los recuerdos y las emociones que tenemos sobre esas personas nos lleven a tenerles muy presentes y resulta complicado combinar la alegría y la ilusión con la añoranza por los que ya no están», precisa. De alguna manera, según explica, sentimos que estamos dando pasos atrás en el duelo pues la primera Navidad después de una gran pérdida suponen un conflicto emocional. «No queremos disfrutar de esas fiestas sin que esté esa persona que añoramos, pero al mismo tiempo queremos hacerlo porque nuestra familia se merece que estemos bien y también queremos que los pequeños de la casa puedan disfrutarlas», precisa.

Entonces, ¿cómo podemos lidiar con este cúmulo de sentimientos en un contexto tan complejo? Permitiéndonos sentir lo que estamos sintiendo y comprendiéndonos. «Cuando nos empezamos a juzgar o cuando no nos permitimos sentir algo, generamos una mayor intensidad y una lucha interna mayor. No conviene entrar de lleno en esa tristeza y teñirlo todo con ella, pero tampoco conviene bloquearla como si no existiera», explica Valle.

Por su parte, Savin propone hablar de ello con naturalidad, pues esa práctica puede resultar de gran ayuda para aceptar la nueva situación.

«No pongamos energía en las cosas que puedan hacer daño a la familia y a las relaciones porque en este 2020 es especialmente importante la gente, nuestras relaciones y el apoyo social

Un baile emocional
Unos días serán más complicados que otros y en algunos momentos tendremos angustia y ganas de llorar pero la idea es, según propone Valle, que no bloqueemos esos momentos, que nos permitemos llorar o estar tristes, pero que después también nos permitamos tener buenos momentos, reírnos con algunas personas, conectar con su ilusión y ser generosos con aquellos con los que compartimos estas fiestas. «Se trata de poner en valor lo que hay y a los que sí están porque si hoy no me permito disfrutar esta Navidad con mi familia porque hay alguien que no está, tal vez el año que viene haya más sillas vacías y habré desaprovechado esta oportunidad. O quizá estas podrían ser nuestras últimas Navidades y seamos nosotros los que ya no estemos el año que viene», alerta.

La psicóloga, experta en mindfulness, invita a ponernos en esa tesitura tan dura y preguntarnos cómo querríamos disfrutar de estas fietas si supiéramos que van a ser las últimas. «Si pudiéramos hablarnos a nosotros mismos desde un futuro, quizá nos diríamos que intentemos mirar a las personas que están vivas compartiendo con nosotros estos días pues somos importantes en su vida y también nos necesitan. De manera que, aunque no fuera solo por nosotros, tendríamos que permitirnos, por ellos, abrirnos de nuevo a la vida y con ello a las fiestas navideñas», aclara.

Se trata, por tanto de mantener el equilibrio entre hacer caso a lo que sentimos pero a la vez combinarlo con la posibilidad de conectar con la ilusión y las emociones de otras personas. «Al principio es como un baile emocional, como una montaña rusa con emociones y situaciones encontradas, pero permitirnos vivir ese baile nos abre de nuevo a la vida», revela Valle.

Las otras «sillas vacías»
Pero además en esta Navidad tan atípica se da otro fenómeno inusual que también tiene que ver con las «sillas vacías», pues muchas familias tendrán que seleccionar con quién sí y con quién no se reunirán para celebrar la cena de Nochebuena o la comida de Navidad o cualquier otra de las fechas señaladas de estos días. Esto es algo que puede afectar a la sensibilidad de cada persona o incluso a las relaciones de unos con otros. Algunas emociones que pueden darse con respecto a esta situación son frustración, tristeza, ira, responsabilidad... Sin embargo Savin pone el acento en que tomar conciencia de la importancia y la necesidad de evitar nuevos contagios, en la medida de lo posible, puede ayudar a que aceptemos que esta Navidad no podemos celebrarla tal y como nos gustaría.

El hecho de que sea una situación excepcional y sin solución a corto plazo hace necesario, según remarca el psicólogo, que entendamos y asumamos que la solución que encontremos no será perfecta y que lo que debemos intentar es encontrar la menos mala de las posibilidades. «Comentar las propuestas abiertamente, sin juzgar, y ordenar todas las posibilidades puede contribuir a que logremos llegar a un acuerdo. La asertividad a la hora de dar nuestra opinión y la escucha activa serán claves en este sentido», argumenta Savin.

La idea es ayudarnos unos a otros porque, tal como expresa Valle, no son deciones fáciles. Pueden darse situaciones incómodas por lo que su consejo es desarrollar la inteligencia emocional, no tomarse las cosas de forma dramática ni personal y procurar que las decisiones que se hayan tomado en las «Navidades de la pandemia» se queden en las «Navidades de la pandemia». «No hagamos teorías ni usemos esas decisiones para solidificar ideas que puedan generar conflictos familiares. Lo más importante que tenemos en nuestra vida son los vínculos con las personas, intentemos cuidarlos y no pongamos energía en las cosas que puedan hacer daño a la familia y a las relaciones porque en este 2020 es especialmente importante la gente, nuestras relaciones y el apoyo social», sentencia.

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