Por qué cuesta bajar de peso aunque hagamos dieta

ALIMENTACIÓN Y SALUD Por Julia VOSCO
Es un mito creer que nuestro metabolismo no nos deja perder kilos. Hay que detectar por dónde se suman calorías. Repasar los hábitos es clave.
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Se sigue un plan “bajas calorías” y la balanza no se mueve, parece estancada. Es una escena frustrante y sucede con frecuencia. Las personas se convencen de que comen bien, hacen deporte y no bajan de peso. Pero todo tiene un porqué.

“Sólo un porcentaje muy bajo de la población tiene dificultades hormonales para bajar de peso corporal y, en general, quienes las presentan lo saben y ya están medicados en consecuencia. Si se está a dieta y no se baja, hay algo que se está haciendo mal”, dice contundente Facundo Crescenzo, nutricionista (M.N. 6.769).

Entre las causas que impiden perder kilos se encuentran:

La forma de cocción de los alimentos
“Es el punto más común y, por lo general, el que menos se tiene en cuenta. Al cocinar un alimento en un recipiente que contenga un elemento graso como aceite o margarina, se incrementa muchísimo el valor calórico y, por supuesto, su valor graso”, detalla el especialista.

Por ejemplo: una milanesa de 200 gramos tiene aproximadamente entre 300 y 320 calorías con un valor bajo de grasa. Al cocinarlas en aceite, fritas o al horno, absorben entre un 10 y un 20 por ciento de su peso en grasa, aumentando su valor calórico en 180 y hasta 360 calorías.

Los “gustitos” del fin de semana
“Cuidarse de lunes a viernes para ‘permitirse’ todo el fin de semana es, quizá, una forma de mantener el peso, pero no sirve para perderlo”, asegura Crescenzo. Las salidas nocturnas y el descontrol horario es otro de los puntos que se debe tener en cuenta.

La compensación postentrenamiento
Al hacer ejercicio las personas suelen ser menos cuidadosas con lo que comen al pensar que el esfuerzo les permite ser más indulgentes.

Además, sentir más hambre después de hacer actividad física es algo natural. Pero hay que actuar con la cabeza y no dejarse llevar por los impulsos más inmediatos. Lo mejor es elegir alimentos más nutritivos que los que se solían ingerir.

“La copita de vino” o “El vasito de cerveza”
“Toda bebida alcohólica tiene un aporte elevado de calorías vacías, es decir que no son útiles al organismo. Consumirlas eventualmente no sería un problema, pero cuando se hace todos los días, se transforma en un hábito que eleva el consumo diario de calorías, haciendo que un plan de descenso sea cada vez menos efectivo”, argumenta el nutricionista.

“Estas son sólo algunas de las situaciones que se van dando en el consultorio y que, al ser ‘hábitos’, son difíciles de ver y de corregir, pero una vez que se detectan y les prestamos la debida atención, todo se hace mucho más sencillo”, finaliza el experto.

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