Antes de ponerte a dieta para adelgazar, pregúntate si sufres hambre emocional

ALIMENTACIÓN Y SALUD Por Carola LEVI
Puede hacerte engordar.
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Hemos escuchado hablar mucho del hambre emocional, una de las causas que te impiden adelgazar. Y seguro que podríamos definirla perfectamente. Pero, ¿sabemos identificarla? No siempre nos resulta fácil. Y la mayoría de las veces confundimos el hambre real con la emocional, ¿Resultado? Asaltamos la nevera, la despensa, picoteamos y añadimos calorías de más, energía innecesaria que nuestro organismo convertirá en kilos, grasa, aumento de peso y, en algunas ocasiones, obesidad. Para entender a qué se debe y cómo podemos evitarla, Laia Solé ha escrito un libro Adiós al hambre emocional (ed. Edaf).
 

"El concepto de hambre emocional hace referencia a aquellos momentos en los que comemos sin tener hambre fisiológica. Cuando comemos desde una posición emocional, en busca de consuelo, de llenar un vacío o de distraernos para no afrontar emociones difíciles o incómodas. Recurrimos a la comida como tratamiento emocional. Ciertamente la comida produce placer; por ejemplo, al comer chocolate (o cualquier otro alimento rico en azúcar, grasa o sal), experimentemos una sensación de placer porque favorece la secreción de serotonina, dopamina y endorfinas en el cerebro", explica en su libro.

El problema surge cuando la comida se convierte en la principal estrategia de regular nuestras emociones

¿Cómo saber si sufrimos hambre emocional?
La experta propone hacerse unas preguntas, que plantea como afirmaciones, para saber si realmente sufrimos 'hambre emocional'

- Usas la comida por razones emocionales
Comes más cuando te sientes triste, aburrida, sola o para calmar el estrés y la ansiedad. 

- Sientes que pierdes el control ante la comida
 Especialmente, por la tarde o por la noche. 

- Pasas del control al descontrol
En los episodios de descontrol, tiendes a comer alimentos ricos en grasa, sal o azúcar. 

- Sientes culpa, arrepentimiento y frustración
El día después de 'comer sin control' te castigas sin comer porque te sientes culpable. Pero vuelves a caer en la tentación y luego sientes aún más culpabilidad. 

- Crees que te falta fuerza de voluntad
Y la razón es obvia:  no has logrado perder peso y cuando lo has conseguido, no lo has mantenido. 

- Comes inconscientemente
De forma emocional, con ansiedad, tienes antojos repentinos y adicción a ciertos alimentos. 

- Tu nivel de energía es bajo y sientes debilidad. 
- Tienes la esperanza de que la próxima dieta te dará resultados
Aunque casi todos tus intentos de hacer dieta han fracasad, sueles tener la convicción de que el próximo neuvo método será la solución definitiva. 

- No te sientes a gusto con tu cuerpo
En ocasiones, lo usas como foco de autodesprecio. 

- Sientes que tu caso no tiene remedio
Y como consecuencia que tener una vida saludable y no comer de forma emocional no va contigo. 

- Te has cansado de luchar y quieres probar un camino diferente
Si contestas afirmativamente a cinco o más puntos, es probable que sufras hambre emocional. Saberlo te ayudará a ponerte en el camino de vencerla y volver a relacionarte mejor con la comida. 

¿Por qué tenemos hambre 'emocional'?
La comida produce placer, todos lo sabemos. Y nuestro cuerpo nos lo pide. También cuando nos ponemos nerviosas o cuando atravesamos momentos difíciles, de incerdidumbre. Entonces, la vía más fácil, rápida y directa de calmar esta ansiedad es comer. Aunque no solo con tapamos esta desazón con comida. 
 

"Con compras, con sexo, con relaciones de dependencia... ¡La sociedad nos ofrece barra libre para no sentir! "No puedo parar de comer", "Fumar me relaja", "Soy incapaz de cortar la relación con esa persona que no me respeta"... Estas afirmaciones son muy frecuentes en las asistentes a mis cursos. En general, en la niñez aprendemos a ignorar o reprimir los pensamientos, sentimientos e ideas que nos hacían daño. Y de adultos, seguimos gestionando esas ideas y emociones dolorosas de la misma forma. Sin embargo, lejos de eliminarlas, se han acabado desplazando a nuestras carnes.  Los problemas de peso y del comer compulsivo poco tienen que ver la comida o con el cuerpo, sino más bien con la mente, las emociones y la consciencia", reflexiona la experta en alimentación consciente o mindful eating. 

Y, ¿qué pasa si me pongo a dieta?
Otro de los problemas a los que alude la autora de este manual para comer con consciencia es la necesidad que nos ha impuesto la sociedad, y nosotras mismas, de estar delgadas, de perder esos kilos, que pueden ser gramos, que nos sobran, y lucir un vientre plano. ¿Nos vamos a sentir realmente bien? ¿Conseguir, al fin, el cuerpo deseado va a ser el fin de nuestros problemas y aumentará nuestra autoestima?
 

"Solemos pensar que el problema reside en estar gordos, ingerir calorías o comer con ansiedad. Pero esto son solo conductas, señales de que algo que en nuestro interior está pidiendo ayuda a gritos. Y mucho amor, que es todo lo contrario a lo que nos damos cuando nos sometemos a dietas restrictivas. Y las dietas casi siempre fracasan. Mi propuesta es que vivas un proceso de autodescubrimiento, aceptación y autoestima. Para que, en consecuencia, dejes de ver tu cuerpo como un enemigo que no te escucha. Solo entonces, dejará de sabotear tus propósitos y, de forma natural, tu peso ideal se reequilibrará", señala la experta. 

Qué tenemos que comer para comer sano y adelgazar ¿hay alimentos buenos o malos?
La comida es comida, no es buena ni mala. Y, por sí sola, no engorda. Nuestra forma de comer sí. La comida es solo el objeto de distracción, no la causa. La decisión de comértela es solo tuya. Y para tener esta libertad de elección, es fundamental entrenar la atención plena. Desde que descubrí las habilidades de la alimentación consciente (mindful eating) aprendí a diferenciar el hambre física de la emocional. Y sustituí el control por la autorregulación.

En conclusión,  la distancia que separa una alimentación disfuncional de una relación en paz con la comida pasa inevitablemente por resolver las disonancias que condicionan nuestra forma de vivir. "Porque nuestra forma de relacionarnos con la comida es un reflejo de cómo nos relacionamos con nosotros mismos y con los demás. En el fondo, más que tener un buen cuerpo, lo que la mayoría anhelamos es ser libres, felices y tener sensación de control sobre nuestras vidas", concluye Laia Solé. 

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