Cómo se trata la dislexia

SER PADRES Por Ana COHEN
La alteración de la capacidad de leer, por la que se cambia el orden de letras, sílabas o palabras, tiene abordajes positivos.
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La dislexia es un trastorno que afecta a una franja de entre el 10 y el 15 por ciento de la población mundial. Se manifiesta en la alteración de la capacidad de leer y escribir, por la que se cambia el orden de letras, sílabas o palabras. Hay quienes, por vengüenza, prefieren disimularla y nunca envían mensajes de texto, sino que se comunican exclusivamente a través de audios. La buena noticia es que existen abordajes terapéuticos para encarar este problema.

Consta la dislexia de un trastorno de aprendizaje de la lectoescritura. Cuando se presenta de forma persistente y específica en niñas o niños que no tienen desventajas físicas, psíquicas ni socioculturales, puede derivar de una alteración del neurodesarrollo.

“Lo importante, como en todos estos trastornos, es la detección temprana”, expresa a Con Bienestar la fonoaudióloga Ana María Gesualdo (M.N. 7.939).

La especialista señala que, en la mayoría de los casos, “los chicos manifestaron algún trastorno del lenguaje de diferentes grados de severidad” en momentos de la infancia.

¿Cuáles son esos grados de severidad?
En primer lugar, la dislexia propiamente dicha: se confunden letras similares como b y d. También, cuando se invierten palabras, lo que provoca errores de ortografía y puntuación. Y, al agregar o saltear letras al leer o escribir, lo que genera que la lectura y la comprensión de textos se complique un poco más.

Otro grado de severidad es la disgrafía. Consta de la dificultad para escribir, ya que, en este caso, los trazos de quien la padece son tensos y laboriosos. Por último, la discalculia, cuando existen dificultades para realizar cálculos matemáticos. Por ejemplo, se confunden los signos.

Tanto la lectura, como la escritura y las matemáticas, forman parte de la gran estructura del sistema educativo. Muchos chicos y chicas pueden sentirse desorientados, desconectados o frustrados porque, por más que traten de sacar adelante las tareas, les cuesta más.

“Cuando se manifiestan trastornos en el aprendizaje escolar, por ejemplo, el diagnóstico requerirá de la participación de un equipo de profesionales”, cuenta la especialista Gesualdo. Se trata de “psicopedagogos, psicólogos y fonoaudiólogos, todos trabajando de forma conjunta a la par del médico pediatra”, agrega.

La detección temprana, junto con el diagnóstico acertado serán necesarios para abordar el tratamiento correcto y específico según cada caso en particular. “Se trabaja, especialmente, lo que se denomina conciencia fonológica. Es decir, los sonidos (fonemas) de la lengua y su correspondiente grafema (letra). También la comprensión lectora”, apunta la licenciada.

Antes de que se decretara la pandemia, muchas personas asistían a los consultorios profesionales con el objetivo de, día a día, aplacar a este trastorno. Pero, con el inicio del aislamiento social, preventivo y obligatorio, los tratamientos debieron virar hacia una “nueva normalidad”.

En la pandemia, el compromiso profesional continuó y tanto chicos como adultos recibieron apoyo y tratamiento precoz, para poder mejorar sus capacidades de lectura, escritura y comprensión.

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