Qué comer cuando tengo ansia de dulce por la noche

POR UNA VIDA MÁS SALUDABLE Por Carola LEVI
Los expertos insisten en la necesidad de controlar el hambre emocional y explican que en realidad no necesitamos algo dulce sino alternativas saludables que también nos proporcionen placer
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Si después de todo el día sin parar sientes que te mereces un premio en forma de dulce cuando llega la hora de sentarse en el sofá, es probable que lo que te contemos en este artículo te haga pensar. La clave está en sentir, precisamente, que ese dulce del que estás dispuesto a disfrutar tranquilamente en el sofá es un «premio». ¿Lo es realmente? Quizá eso es lo que se haya grabado en tu mente desde la infancia. ¿Cuántas veces habrás oído eso de «si paras de llorar, te compro un helado», «si te portas bien, te doy un donut» o «si te lo acabas todo, te habras ganado el postre»? Eso no se olvida (y lo peor es que de mayores se lo seguimos diciendo a los niños). De hecho, tal como alerta Laia Gómez, dietista-nutricionista de la clínica Alimmenta, la práctica de premiarnos con comida ha hecho que veamos como algo «normal» y hasta «bueno» eso de compensarnos los estragos de una jornada agotadora con algo dulce. Pero no, ni es un premio, ni es algo normal.

Cuando esto sucede, es decir, cuando cada noche nos entran unas ganas incontrolables de saborear algo dulce es probable que, tal como alerta Andrea Arroyo, dietista-nutricionista y psicóloga del Centro Julia Farré, estemos dando a la comida un uso emocional y delegando la gestión de las emociones a una tarea de fácil y de rápido acceso como es comer. «Podemos tener la necesidad de comer algo dulce por la noche para olvidar el día tan desagradable que hemos tenido o para gestionar la culpabilidad que sentimos por algo que nos ha pasado durante el día... Como no sabemos cómo gestionar esas emociones recurrimos a la comida como una solución fácil y momentánea», argumenta Arroyo.

¿Necesidad real o capricho?
Curiosamente este comportamiento suele ser habitual, según explica Andrea Arroyo, en personas a las que no les suele costar mantener hábitos saludables durante el día pero que al llegar la noche tienden a picotear o a comer de forma poco saludable, o bien en grandes cantidades o de forma compulsiva. En estos casos la experta aconseja reflexionar sobre lo que se está sintiendo al comer y sobre los motivos por los cuales se necesita la comida en ese momento en lugar de querer controlar esa necesidad sin más. «Seguramente descubras que no comes para nutrirte, sino que estás experimentando un hambre emocional y la comida te esté resultando una falsa aliada para tapar otras necesidades reales», revela.

También puede darse esa necesidad, según apunta Laia Gómez, en aquellas personas que hayan cenado poco o no hayan realizado una cena completa que incluya una porción de verduras, una de proteína (carne blanca, pescado, huevos o legumbres) y una de carbohidratos (pasta, patata, arroz o pan). «Si cenas bien, probablemente no

Pero lo cierto es que, según reconoce la experta de Alimmenta, que es más habitual y más dificil que lo que tengamos no sea una necesidad real sino una apetencia. «Tenemos que ser conscientes de que no es una necesidad. El cuerpo no nos pide dulce, el cuerpo no nos pide nada. Es nuestra mente la que interpreta que es el momento de premiarnos con un capricho. Pero hay que decirle a la cabeza que no, que lo que toca es descansar y relajarse», aconseja Gómez.

Cómo gestionar el «hambre emocional»
Una de las estrategias fundamentales para mejorar esta situación pasa por realizar en el día a día una alimentación consciente y huir de las dietas restrictivas y desequilibradas, según la experta del Centro Julia Farré. Esto implicaría incluir el consumo de alimentos preferentemente saludables, como una manzana con canela, por ejemplo, pero también supondría que tuviéramos la capacidad suficiente de permitirnos ser flexibles, de modo que podamos consumir un trozo de pastel un día o de forma excepcional si nos apetece, aunque sepamos que no es la mejor opción», explica.

Para Nazaret Pereira, fundadora de Nutrición Pereira, la mejor manera de controlar la ansiedad por comer dulce es no tener ninguna tentación en casa. En cuanto al hambre emocional, asegura que es fundamental mantener esta dinámica bajo control y que en realidad la emoción no necesita comida sino encontrar alternativas saludables. «Realiza cualquier otra actividad que sea placentera como caminar, quedar con alguien o hablar por teléfono, ver una película o, si tienes hambre, comer algún alimento saludable», explica.

Comparte esta opinión Laia Gómez, quien asegura que es consciente de que resulta mucho más fácil comerse unas galletas que pensar en algo que nos ayude a relajarnos, pero que el esfuerzo para cambiar hábitos es algo que pronto agradece el cuerpo. Hay muchas posibilidades que pueden resultar más enriquecedoras para el alma que tomar algo dulce. «Hazte una infusión y bébetela mientras ves tu serie favorita, lee un libro, habla con tu familia, haz yoga, pon música... aprovecha ese momento para cuidarte», propone.

Además de la actividad física y de intentar llevar a cabo todo aquello que ayude a relajarse y disminuir la ansiedad , la fundadora de Nutrición Pereira propone basar la alimentación en productos naturales y de buena calidad nutricional y establecer un horario fijo de comidas para que el cuerpo no tenga picos de hambre. «Una alimentación inadecuada con abundantes azúcares no solo afecta a la salud física, sino que puede producir serias enfermedades como depresión, patologías cardiovasculares, diabetes o aumento de la tensión arterial», añade.

Alternativas dulces saludables
ÍNDICE TOP
1.Manzana con canela
2.Yogur con frutas
3.Infusión de jengibre
4.Naranja con cacao
5.Un vaso de leche
6.Plátano
7.Dátiles
8.Nueces
9.Almendras
10.Una onza de chocolate
11.Frutas deshidratadas

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