Dieta sana: 9 cosas que (quizá) estás haciendo mal

DIETAS Por Carola LEVI
Queremos hacer bien las cosas. Comer de forma adecuada, llevar una alimentación que nos ayude a gozar de buena salud.
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Y si además, podemos mantener a raya los kilos de más, mejor que mejor. Sin embargo, en nuestro afán, a veces a caemos en errores; pautas equivocadas que, en realidad, poco o nada nos ayudan en nuestro objetivo. He aquí algunas de las más comunes:

NO LEER BIEN LAS ETIQUETAS DE LOS PRODUCTOS
Todo comienza en el supermecado. La inmensa variedad de opciones que encontramos para llenar nuestro carrito de la compra a veces puede resultar desconcertante. Un verdadero mareo. Por eso, es fundamental dedicar un poquito de tiempo a leer bien las etiquetas. Si es tu primera ‘aproximación’ a esto de fijarte en ellas, dos reglas muy genéricas: en la lista de ingredientes, cuantos menos mejor. Además, has de saber que el orden de esa lista no es casual, sino que los ingredientes aparecen por orden de ‘mayor cantidad a menos’. Mirar las etiquetas es una buena recomendación incluso en el caso de los productos ‘teóricamente saludables’. Y es que, muchas veces, eligiendo un simple yogur, podemos hacer una malísima elección para la salud.

DEMONIZAR LOS HIDRATOS DE CARBONO ‘POR SISTEMA’
A veces se cree que este grupo de nutritientes no deben estar demasiado presente en una dieta si queremos que ésta sea saludable y enfocada a la pérdida de peso. ¡Mucho menos cenarlos por la noche! Esto es una creencia totalmente errónea. Tal y como os contábamos en este artículo, aquí la clave está en elegir bien qué tipo de alimentos ricos hidratos incluimos en nuestros menús, y no tanto en las horas del día en que los ingerimos.

CONTAR CALORÍAS
Cualquier experto en nutrición te dirá que, esto de llevar una dieta saludable y amiga de la figura, no va de pasarse el día contando las calorías de los alimentos. De hecho, existen productos ricos en grasas (aguacate, aceite de oliva, frutos secos…) que son perfectamente válidos para su inclusión en una dieta ‘healthy’. A los alimentos hay que considerarlos en su conjunto; no por su valor calórico, ni por alguno de sus nutrientes de manera aislada.

APOSTAR POR LOS PRODUCTOS ‘LIGHT’
Muy ligado con lo que acabamos de comentar. Por ejemplo, un refresco’light’ es cierto que no aporta prácticamente calorías al organismo. Sin embargo, no es algo que se recomiende en una alimentación saludable. Estos productos continúan siendo muy dulces (gracias a la sustitución del azúcar por edulcorantes). De modo que, esto no ayudará a ir rebajando nuestros umbrales de dulzor, que es lo deseable. Además, también referido a los alientos ‘light’, hay que tener en cuenta que ese 'apellido' lo que significa es que tienen un 30% menos de calorías que sus versiones ‘normales’. Así, productos como mayonesas, patatas fritas… por muy ‘light’ que sean seguirán siendo muy calóricos.

DOTAR DE ‘PROPIEDADES MÁGICAS’ A LOS LLAMADOS SUPERALIMENTOS
No nos cansaremos de repetir que, por ejemplo, un humilde garbanzo puede ser infinitamente más interesante a nivel nutricional que muchos de los conocidos como superalimentos (espirulina, té matcha, semillas chía y un largísimo etcétera, en función de las modas). Lo que ocurre, quizá, es que tienen menos ‘glamour’, y muchas veces menos marketing. Así que cuidado con dejarse llevar por estas tendencias.

ENTENDER ‘DIETA SALUDABLE’ COMO ALGO LIMITADO EN EL TIEMPO
Éste es otro de los grandes errores. En realidad, deberíamos hablar de adquirir pautas de alimentación saludable y no de dietas con una fecha de comienzo y de fin. De nada sirve ‘portarse bien durante unos meses’ para luego volver a los malos hábitos. Bueno, sí que sirve: para, si se ha bajado peso (más bien deberíamos hablar de grasa), volver a recuperarlo rápidamente, cuando no incluso aumentarlo.  

SER AUTODIDACTA
Fiarse de cualquier pauta de alimentación que leamos en redes, de lo que diga la ‘influencer’ de turno, de esa dieta que tan bien la ha funcionado a la vecina…Todo esto puede derivar en grandes errores para llevar una alimentación saludable. Por eso, en la medida que sea posible, lo ideal es acudir a un dietista-nutricionista (ni ‘experto en nutrición’, ni ‘coach nutricional’ ni descripciones similares….). Debe ser un profesional colegiado. Y si no es posible, al menos, intentar contrastar muy bien la procedencia de esas recomendaciones dietéticas que estamos dispuestos a seguir.

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