La caída del pelo puede ser otra consecuencia de la pandemia

SALUD Por Carola LEVI
Se da cada vez más en pacientes que superaron la enfermedad, pero también en personas que no la sufrieron debido al estrés emocional de la crisis sanitaria.
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Annrene Rowe se preparaba para celebrar su décimo aniversario de bodas este verano cuando notó una zona calva en su cuero cabelludo. En los días siguientes, su grueso cabello que le llegaba hasta los hombros comenzó a caerse a mechones. “Lloraba histérica”, comentó Rowe, de 67 años, de Anna María, Florida. Rowe, que estuvo hospitalizada durante doce días en abril con síntomas de coronavirus, pronto se encontró con historias sorprendentemente similares en grupos online de sobrevivientes de COVID-19. Muchos afirmaron que varios meses después de contraer el virus, se les comenzó a caer el cabello de manera sorprendente.

Los médicos señalan que también están atendiendo a muchos más pacientes con caída del cabello, un fenómeno que creen que está relacionado con la pandemia del coronavirus y que afecta tanto a las personas que tuvieron el virus como a las que nunca se enfermaron. En épocas normales, a algunas personas se les caen cantidades notables de pelo después de una experiencia profundamente estresante como una enfermedad, una cirugía mayor o un trauma emocional. Actualmente, los médicos afirman que muchos pacientes que se están recuperando de COVID-19 presentan caída del cabello, no a causa del virus en sí mismo, sino por el estrés fisiológico de combatirlo. A muchas personas que nunca se contagiaron también se les está cayendo el cabello debido al estrés emocional por la pérdida de un trabajo, la tensión financiera, la muerte de un familiar u otros acontecimientos devastadores derivados de la pandemia.

“Hay muchísimas situaciones de estrés en muchos sentidos en torno a esta pandemia, y seguimos viendo la caída del cabello porque gran parte del estrés no desapareció”, aseguró Shilpi Khetarpal, profesora adjunta de Dermatología en la Clínica Cleveland. Antes de la pandemia, hubo semanas en las que Khetarpal no atendió a ningún paciente con este tipo de problema. Ahora, comentó, cada semana van a la consulta unos 20 pacientes con este problema. Uno de ellos era una mujer que tenía dificultades para educar en casa a dos nenes chicos mientras también trabajaba a distancia. Otro era un profesor de segundo grado que trataba de asegurarse de que todos sus estudiantes tuvieran computadoras y acceso a Internet para tomar clases online. En una encuesta de julio acerca de los síntomas posteriores al COVID-19 realizada a 1567 integrantes de un grupo de sobrevivientes, 423 personas informaron tener una caída inusual de cabello, de acuerdo con el grupo, Survivor Corps, y Natalie Lambert, profesora adjunta de Investigación de la Facultad de Medicina de la Universidad de Indiana, quien ayudó a realizar la encuesta.

Emma Guttman-Yassky, la nueva jefa del Departamento de Dermatología de la Escuela de Medicina Icahn de Monte Sinaí, afirmó que atendió a muchos trabajadores de la salud de primera línea porque sufrían pérdida del cabello, incluidos los trabajadores de su hospital. “Algunos de ellos tuvieron COVID, pero no todos”, dijo. “Es el estrés de la situación. Estaban lejos de sus familias. Trabajaban durante muchas horas”. Para la mayoría de los pacientes la enfermedad debería ser temporal, comentaron los médicos, pero también podría durar meses. Los expertos señalan que al parecer hay dos tipos de caída del cabello que la pandemia está desencadenando. En uno de ellos, la enfermedad llamada efluvio telógeno, las personas pierden mucho más de los 50 a 100 cabellos que suelen caerse por día, y por lo general comienza varios meses después de una experiencia estresante. Básicamente implica un cambio o “tropiezo del sistema de crecimiento del cabello”, comentó Sara Hogan, dermatóloga de la Facultad de Medicina David Geffen de la Universidad de California, campus Los Ángeles, quien atendió hasta siete pacientes al día con esta afección.

En los ciclos de pelo sano, la mayoría de los cabellos se encuentran en una fase de crecimiento, un pequeño porcentaje está en una breve fase de reposo y solo un diez por ciento está en una fase de muda o fase telógena; sin embargo, con el efluvio telógeno, “a las personas se les cae más pelo del que les crece”, explicó Khetarpal, y hasta el 50 por ciento del cabello puede pasar a la fase de desprendimiento, por lo que solo un cuatro por ciento está en fase de crecimiento. Este fenómeno, que algunas mujeres también presentan después del embarazo, suele durar unos seis meses, pero si las situaciones estresantes persisten o se repiten, algunas personas desarrollan una muda crónica, dijo Hogan. La otra enfermedad de caída del cabello que está aumentando en estos momentos es la alopecia areata, en la que el sistema inmunitario ataca los folículos pilosos, comenzando por lo general con un parche de pelo en el cuero cabelludo o la barba, aseguró Mohammad Jafferany, psiquiatra y dermatólogo de la Universidad Central de Míchigan.

“Se sabe que la enfermedad está asociada o exacerbada por el estrés psicológico”, dijo Jafferany. Guttman-Yassky afirmó que ha visto “un aumento considerable de este tipo de alopecia”. No todos los pacientes tuvieron COVID-19, dijo, pero los que sí lo tuvieron solían progresar con gran rapidez de una o dos zonas de calvicie hasta “perder pelo en todo el cuerpo”, incluyendo cejas y pestañas. Señaló que eso podría deberse a que el exceso de inflamación que presentan algunos pacientes con COVID aumenta la cantidad de moléculas inmunitarias relacionadas con enfermedades como la alopecia. Los expertos no saben exactamente la razón por la que el estrés desencadena estas enfermedades, que afectan tanto a mujeres como a hombres. La causa podría estar relacionada con el aumento de los niveles de cortisol, una hormona del estrés, o con los efectos en el flujo sanguíneo, afirmó Hogan.

La caída del cabello en sí misma puede causar más estrés, dijo Khetarpal, sobre todo en las mujeres, cuyo cabello suele estar más ligado a la identidad y la confianza en sí mismas. Los expertos recomiendan tener una buena alimentación, vitaminas como la biotina y técnicas de reducción del estrés como el yoga, el masaje del cuero cabelludo o la meditación consciente. Algunos también recomiendan el minoxidil, un medicamento para el crecimiento del cabello, pero Hogan advierte a los pacientes que al inicio puede causar una caída de cabello mayor antes de empezar a funcionar. En lo que respecta a la alopecia areata, señaló Guttman-Yassky, algunos casos se curan sin tratamiento y otros recurren a inyecciones de esteroides, pero otros pueden llegar a ser permanentes, en especial si no se tratan a tiempo.

Para las personas deprimidas o traumatizadas por la caída del cabello, Jafferany recomienda la psicoterapia, pero no necesariamente los medicamentos, ya que algunos antidepresivos y ansiolíticos pueden exacerbar la caída del cabello. Hogan señaló que a algunos pacientes les parece una situación tan molesta que evitan lavarse o cepillarse el pelo porque notan más la pérdida de cabello durante esas actividades. Ella les asegura que no deberían tenerle miedo a un aseo normal. Añadió que “a los pacientes no les gusta cuando digo esto, pero lo aceptan: el cabello no es fundamental para la supervivencia”.

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