¿Por qué las grasas y los carbohidratos son fundamentales en la dieta?

Son el combustible de nuestro cuerpo y cualquier pauta de alimentación saludable y equilibrada debe contemplarlos
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Jugar con las necesidades de nuestro cuerpo puede tener graves consecuencias. Cuando decidimos modificar nuestra dieta por libre no podemos perder de vista que el organismo funciona de una manera precisa y que necesita de la ingesta de alimentos para que este funcionamiento sea correcto. Cada uno de los nutrientes que administramos a través de la comida tiene un sentido y un objetivo dentro de esta 'maquinaria'. Sin embargo, cuando nos obcecamos en un único objetivo, el de perder peso –y cuanto más rápido mejor- la tendencia es acudir a las llamadas ‘dietas milagro’, que basan su éxito en rutinas hiperrestrictivas que demonizan y dejan de lado algunos de estos nutrientes.

Los nutrientes se dividen en dos grandes grupos: macronutrientes (proteínas, grasas y carbohidratos) y micronutrientes (vitaminas y minerales). Los primeros son los encargados de aportar la energía que nuestro cuerpo necesita así como reparar e intervenir en la creación de estructuras orgánicas y regular procesos metabólicos. Muchas dietas restrictivas se centran en las proteínas y se olvidan de las grasas y los hidratos de carbono, haciendo un flaco favor a nuestro cuerpo. ¿Por qué? Porque aportan más calorías.

Di sí a las grasas saludables
Las grasas o lípidos aportan 9 kcal por gramo, mientras que las proteínas y los hidratos 4 kcal, por ese motivo es la principal reserva de energía para nuestro cuerpo. Cuando una persona es sedentaria o sigue una dieta rica en grasas, por supuesto puede conllevar a un exceso pero eso no significa que debamos descartarlas. Principalmente porque intervienen en la movilización y metabolización de algunas vitaminas (liposolubles), forma parte de las membranas celulares, protege algunos órganos, es reguladora de hormonas y es fuente de ácidos grasos esenciales, que solo se obtienen a través de la alimentación.

Según la OMS, las grasas no deben superar el 30% de la ingesta calórica diaria. La clave es elegir grasas saludables (frutos secos, aguacate, aceite de oliva, pescados…) en vez de saturadas (carnes grasas, mantequilla, quesos, natas…) y, esta vez sí, dejar de lado todo lo posible las grasas trans (repostería industrial, procesados), porque desajustan unos niveles saludables de colesterol.

Hidratos de carbono, energía inmediata
Como las grasas, actúan de reserva energética, pero tienen la capacidad de usarse de forma inmediata porque se movilizan rápidamente. El problema viene cuando se toman más hidratos de los que se queman en la actividad diaria, pues se almacenarán en forma de grasa. No hay que excederse con este grupo de macronutrientes pero tampoco descartarlo.

¿Por qué? Por ejemplo, porque se convierten en glucosa y es la única fuente de energía para el cerebro y los glóbulos rojos, porque intervienen en la formación de tejidos conectivo y nervioso o permiten que se destinen las proteínas a otros procesos del organismo importantes. Las frutas, verduras, cereales integrales y legumbres son excelentes fuentes de carbohidratos. Además son los que proporcionan la fibra al cuerpo, fundamental para regular el tránsito intestinal. En este caso entre un 50% y un 60% de la ingesta calórica diaria debe provenir de los hidratos de carbono. La clave no es descartarlos sino adaptar la cantidad que ingerimos al estilo de vida que llevamos.

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