Uno de cada 12 chicos presenta alergia a la proteína de la leche

Hay que prestar atención si tienen reflujo, erupciones, diarrea o sangrado. Se aconseja moderar el consumo y tratar el sistema inmunológico intestinal.
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Se estima que la alergia a la proteína de la leche de vaca (APLV) afecta a uno de cada 12 chicos. Es una reacción alérgica desproporcionada frente al consumo de la leche o cualquiera de sus derivados. Incluso, sus síntomas pueden aparecer, aunque con poca frecuencia, en algunos niños amamantados.

“Las alergias alimentarias en general y la más frecuente, que es la alergia a la proteína de la leche, generan gran ansiedad en todo el entorno familiar. En los padres, porque sienten temor ante la aparición de algunos síntomas que pueden ser severos, como la anafilaxia, que es el más grave e incluso conlleva riesgo de vida. Y en los niños, porque ven limitada la interacción con sus pares, sobre todos cuando ingresan en la vida escolar”, explica el doctor Claudio Parisi (M.N. 95.292), especialista en Alergia e Inmunología, expresidente de la Asociación Argentina de Alergia e Inmunología Clínica (AAeIC).

Así se produce
La microbiota intestinal es la responsable de “entrenar” al sistema inmunológico para que desarrolle lo que se llama la “tolerancia oral”, que consiste en no responder con una alergia a los alimentos que se ingieren. Sin embargo, si las bacterias que recibe el bebé no son las correctas, o son pocas o poco diversas, ese entrenamiento del sistema inmunológico intestinal es incompleto, falla, y responde con alergias a ciertos alimentos, entre ellos a las proteínas de la leche.

“Los hijos de papás con alergias tienen mayor probabilidad de desarrollar alergias. Esto es porque los hijos heredan algunos genes de la mamá y otros del papá. Ellos heredan además genes que están presentes en las bacterias que les transfieren sus padres, las bacterias que los colonizan, principalmente aquellas que colonizan el intestino, que en su conjunto denominamos la microbiota intestinal, lo que conocíamos hasta ahora como flora intestinal”, refiere Gabriel Vinderola, doctor en Química, profesor de Microbiología de la Universidad Nacional del Litoral.

“Además del componente hereditario, existen factores del entorno del infante, como polución ambiental, consumo de antibióticos y alimentación restrictiva, entre otros, que pueden funcionar como disparadores de la predisposición genética de desarrollar alergia a la leche, factores que reciben el nombre de ‘epigenéticos’”, informa el doctor Parisi.

Qué hacer si el bebé es alérgico
Una vez realizado el diagnóstico de APLV por el médico, como primera etapa de tratamiento podría indicarse la “dieta de exclusión”, que implica que la madre no consuma ningún producto lácteo o derivado del lácteo ni que presente esta proteína en su elaboración, dado que se transmite a través de la lactancia materna. Si el chico ya está recibiendo otros alimentos, ninguno de estos debe contener componentes de la leche de vaca.

Para aquellos casos en los que la dieta de exclusión resulta insuficiente, se cuenta con “fórmulas infantiles”, que se venden bajo receta médica y cubiertas en un 100% por las obras sociales. Algunas opciones suman simbióticos a sus componentes, que son la sumatoria de prebióticos y probióticos, elementos que cuentan con evidencia científica que acredita sus beneficios en el desarrollo de una microbiota saludable en los chicos con esta patología.

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