Coronavirus: Ola, pico, meseta, las metáforas geográficas de un virus que es un tsunami

El uso de eufemismos para expresar lo que el COVID-19 está causando se volvió algo cotidiano en la población.
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Desde los inicios de la pandemia y durante los últimos años, vi comparaciones interesantes entre los hechos, la geografía y los fenómenos naturales. Por un momento, pensé que se habían terminado, pero creo que el uso de los eufemismos llegó para quedarse con un “crecimiento invisible”.

 
Nos acostumbramos a utilizar cotidianamente palabras ligadas con otros ámbitos, y más en este contexto. Analizamos una por una, y sumamos otras que pueden utilizarse a la perfección.

Pico
Si bien esta palabra está muchas veces ligada a la medicina para expresar el máximo nivel, el "extremo superior de una curva sucesiva de hechos", en geografía se refiere a "la cúspide aguda de una montaña", o lo que se adapta más a la situación de pandemia: "montaña de cumbre puntiaguda".

Término que significa, además, una elevación que de por sí puede tener varios picos.

También, la Real Academia Española (RAE) recurre a este vocablo con la siguiente expresión: "Pico de una cantidad cuando se ignora cuál es o no se quiere expresar... 'la altura de esa montaña es de 3.000 metros y pico'". Mucho más representativo de la realidad contextual, ya que no conocemos a qué número llegará el máximo de contagios.

Meseta
Es otra de las palabras que venimos escuchando a diario. La utilizan para referirse a que estamos en ella, lo cual me resulta extremadamente incomprensible cuando veo que el número de infectados asciende y desciende día a día.

El análisis del término me llevó a revisar mis estudios del colegio secundario, ya que solo había encontrado una definición en el diccionario de la RAE: "Planicie extensa situada a considerable altura sobre el nivel del mar, generalmente más de 500 metros".

Definición que solo se aproximaba a la expresión que se trataba de reflejar en el comentario de alguno de nuestros médicos devenidos en políticos.

Por eso, mi búsqueda me llevó a revisar la definición de planicie o llanura. Se trata de un "área geográfica plana de gran extensión, cuyo terreno no posee accidentes o apenas posee ligeras ondulaciones -inferiores a los 200 metros- de altura sobre el nivel del mar".

Pero al ver diariamente los números de infecciones o de fallecidos en esta pandemia, solo distingo ascensos, descensos, picos y valles y ninguna meseta. ¿Será que el coronavirus no sabe de geografía?

Valle
Llamativamente, aún no tuvimos la expresión de un valle: "Llanura entre montañas o alturas, una depresión de la superficie terrestre entre dos vertientes, con forma inclinada y alargada, que conforma una cuenca hidrográfica en cuyo fondo se aloja un curso fluvial".

Sin embargo, la realidad nos muestra la existencia de algunos valles en el comportamiento de las infecciones en algunas de nuestras provincias donde podríamos ver un número relativamente estable de casos por debajo de los picos observados en la evolución.

¿Será que aquellos que lograron aislar realmente el brote logran la paz en ese terreno, tan necesario y que tanto cuesta conservar? ¿O los valles son solo descansos del registro de infectados como ocurre frecuentemente los fines de semana?

Ola
Prestando atención al valle, que suele presentar un curso fluvial que constituye una fuente de fertilidad de sus tierras, veremos que, con menor frecuencia pero como si estuviese esperando su momento, aparece la ola.

Fenómeno natural más complejo de explicar desde el punto de vista de la física, pero podemos decir que las olas son ondas que se desplazan a través de la superficie de mares, océanos, ríos y lagos, entre otros.

En su curso, producen un desplazamiento neto del agua en la dirección de propagación, dado que en cada oscilación una molécula o partícula no retorna exactamente al mismo punto, sino a otro ligeramente más adelantado en el sentido en el que se propaga la onda.

Cada una tiene una cresta -sería el pico de la ola-, un valle, una amplitud y una longitud de onda que podrían justificar el comportamiento de la segunda, tercera o cuarta ola de infecciones.

Pero, lamentablemente, el comportamiento de las olas como fenómenos de la naturaleza, al igual que las olas referentes a las infecciones, se encuentra con variables que hacen que no constituya un proceso homogéneo ni estacionario.

Es decir, no todas ellas tienen el mismo período, altura, longitud de onda o dirección en cada instante y lugar. Cada una tiene sus características propias, que además varían en el espacio y en el tiempo y, en las pandemias como la que nos ocupa, las acciones que se tomen junto al comportamiento de la población serán las determinantes básicas de las olas actuales y futuras en los diferentes grupos poblacionales.

Tsunami
Muy diferente es un tsunami, que también podría ser equiparado a lo ocurrido en algunas ciudades con esta pandemia. Este es un evento complejo que involucra un grupo de olas en un cuerpo de agua de gran energía y de tamaño variable que se produce cuando se desplaza verticalmente una gran masa de agua por algún fenómeno extraordinario.

Por ejemplo, por un terremoto, conocido como "movimiento brusco de la Tierra causado por la liberación de energía acumulada durante un largo tiempo", por una erupción volcánica, detonaciones submarinas, deslizamientos de terreno, desprendimientos de grandes volúmenes de hielo glaciar o la caída de meteoritos en el mar, entre otros eventos.

En la pandemia, la brusca aparición de gran cantidad de infectados provocó una saturación de los sistemas de salud, que a su vez, produjo un gran número de muertos no solo por la infección sino también por el daño colateral que hace que todo el sistema de salud sea insuficiente.

Un tsunami mortal provocado por un terremoto de infecciones que exige al máximo un sistema de salud que indefectiblemente colapsará.

Si hubiésemos comprendido desde un principio el significado exacto de una cuarentena -aislamiento en solitario de los infectados- y del aislamiento de aquellos en riesgo de infectar hasta demostrar que no están infectados, podríamos haber prevenido los efectos indeseables de un aislamiento preventivo generalizado. Y de esa forma haber prevenido una “tormenta” difícil de controlar.

Ahora, nos queda esperar el descenso de la ladera de una montaña con sus accidentes geográficos, picos riesgosos y valles apacibles. Solo la paciencia, el tiempo y la responsabilidad en los cuidados necesarios nos permitirán llegar a esa llanura en la que podremos cursar nuestra vida normalmente.

(*) El doctor Sergio Perrone es médico cardiólogo, especialista en insuficiencia cardíaca, hipertensión pulmonar y trasplante. Asesor de la División Trasplante Cardíaco de la Fundación FLENI. Director del programa de trasplante intratorácico en el Hospital de Alta Complejidad en Red El Cruce “Dr. Néstor Carlos Kirchner” y parte del Consejo Consultivo en Salud de TN.

 

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