¿Verdad o mentira? Los mitos más comunes sobre alimentación

Somos lo que comemos, y parece que, con el paso del tiempo, nos hemos concienciado sobre ello. Por este mismo motivo, cada vez son más las personas que se preocupan por su alimentación, y acuden a Internet para descubrir qué es beneficioso (y qué no) para su salud.
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Sin embargo, tal y como alertan los expertos, no todo lo que circula en la red es cierto. Sobre todo, en lo que concierne a temas de nutrición. Tanto es así que según el primer 'Estudio sobre bulos de salud', editado por el Instituto Salud sin bulos y Doctoralia, se estima que más de la mitad de las informaciones que podemos encontrar de forma online son falsas.
 El problema es que este contenido se difunde de una manera imparable, se viraliza, y al final, la sociedad acaba asimilando que es cierto, sin consultarlo con los verdaderos especialistas.
 

¿El pan quemado provoca cáncer?
Lo has escuchado en infinidad de ocasiones, y probablemente, tengas tus dudas sobre ello. Los expertos explican la razón que lo explica es que en el pan quemado se forma acrilamida, un compuesto que ha sido catalogado como probablemente carcinógeno para humanos por la IACR (Agencia de Investigación de Cáncer por sus siglas en inglés).
 

No obstante, para que esta sustancia haga su aparición el alimento en sí debe tener azúcares reductores y aminoácidos (sobre todo, aparagina), así como ser cocinado a una temperatura superior a los 120 grados.
 Es decir, que no sólo hablamos del pan, sino de otros productos como las patatas, la bollería, el café... La EFSA, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria, ya alertó de que la población, en general, seguía una dieta demasiado expuesta a la acrilamida.

¿Qué se puede hacer entonces?
Lo que se aconseja es no cocinar los alimentos a una temperatura superior a lso 170 grados, y procurar que, en el caso del pan, no adquieran un color marrón oscuro.

Comer sandía o melón por la noche produce indigestión
Los tres expertos afirman que es rotundamente falso, ya que hay que recordar que el agua es su principal componente.

No obstante, nutricionistas como Marta Vallejo, de Clínica Opción Médica, nos recuerdan que no es aconsejable cenar fruta habitualmente, dado que no dejan de ser alimentos con un elevado índice glucémico. Y, en el caso de hacerlo de vez en cuando, lo ideal es optar por las acuosas, como la sandía o el melón, acompañándolo de una proteína.

La leche sin lactosa engorda menos
La lactosa no tiene nada que ver con el aumento de peso. Se trata de un azúcar simple formado por dos monosacáridos, la glucosa y la galactosa. Al hacer leche sin lactosa, no se elimina esta sustancia. Lo que se hace, en realidad, es romperla con la ayuda de una enzima (la galactosidasa o lactasa). Por eso su sabor es distinto al de la leche normal.

Finalmente, su contenido en azúcares no difiere del de la leche con lactosa, y su valor nutricional es el mismo.

Además, la leche sin lactosa sólo está recomendada para las personas con intolerancia a la misma. Si no se tiene este problema y se decide dejar de tomar lactosa, según advierte Ana Haro García, farmacéutica y tecnóloga de los alimentos, se correría el riesgo de no absorber bien el calcio.

El chocolate es saludable
Sí. Podemos destacar que es bueno a nivel cardiovascular, contiene antioxidantes, reduce la presión sanguínea, disminuye el colesterol LDL (el que conocemos como malo), es capaz de saciarnos (gracias a sus grasas) e incluso se llega a recomendar cuando se está perdiendo peso.

El inconveniente es que la mayoría de los chocolates que encontramos en el supermercado, en realidad, no lo son. Es decir, que el 70% del producto es azúcar, lo que perjudica nuestra salud.
Por ello, es tan importante prestar atención a las etiquetas.

Los tres expertos explican que el chocolate 'bueno', el aconsejable, debe tener más de un 75% de pureza, e ingerirse, como mucho, una o dos onzas por día.

Si es ecológico, es sano
Esto no es cierto. Cuando encontramos un producto con el sello ECO en el supermercado, hace referencia a un aspecto medioambiental no a sus beneficios para la salud. Es decir, que este etiquetado, concedido por la Unión Europea, implica que durante su cultivo no se han utilizado ni sustancias sintéticas o transgénicas, y si se trata de un animal, éstos han sido alimentados con productos ecológicos.
 Aunque existen estudios que apuntan que las verduras ecológicas tienen más nutrientes que las convencionales, en ningún caso hablamos de productos perjudiciales.

Ambos han empleado fitosanitarios autorizados y los animales no tienen antibióticos u hormonas.

"Es posible que hayamos oído alguna vez que los productos ecológicos son más seguros porque en su producción no se pueden utilizar antibióticos o pesticidas, pero no es verdad. Bernhard Url, director de la EFSA (Autoridad de Seguridad alimentaria europea), ha dejado claro que no hay diferencias de seguridad alimentaria entre los alimentos convencionales y los ecológicos", explica Robles

El cuscús es mejor que la pasta
En verdad, explican los expertos, son primas hermanas.  Ambos son dos alimentos que tienen un aporte calórico basado, principalmente, en carbohidratos. Lo que los convierte en un producto idóneo para los deportistas.

No obstante, se aconseja consumirlo en su forma integral, ya que así nos beneficiaremos de sus nutrientes. En el caso del cuscús: carbohidratos complejos, proteínas, vitaminas del grupo B (menos la B12) y una cantidad importante de manganeso.

Otra característica que, quizá, le haya ayudado a la hora de ganar adeptos es que es muy versátil y rápido de cocinar.

Las mermeladas son perjudiciales para la salud
Lo cierto es que deben consumirse con moderación y están totalmente desaconsejadas para las personas diabéticas. Una vez se cocinan, la mayor parte de la mezcla final es azúcar, aunque alguans personas te habrán señalado su bajo contenido en grasas y su poco valor calórico. Y es que ingerir 25 gramos de mermelada, suponen unas 64,5 Kcal y 15,65 gr de azúcar (lo mismo que dos sobres).
 

Por ello, hay que tener precaución. Además de los diabéticos, tampoco se recomienda para las personas con sobrepeso u obesidad que intenten perder peso.

Ante la duda, lo mejor es siempre consultar al especialista. O también puedes optar por hacer una casera.

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