Las 4 dietas a seguir, recomendadas por la ciencia

El objetivo de muchas personas es bajar de peso, aunque no encuentran el camino o la forma adecuada de hacerlo para alcanzar su objetivo.
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Si nos damos la tarea de buscar, podemos encontrar una gran variedad de opciones de dieta para adelgazar, sin embargo, no siempre son saludables o beneficiosas para el organismo.

Pese a esto, hay alternativas recomendadas por la ciencia, señala la nutricionista argentina Florencia Villafañe en el portal web Mejor con Salud. "Una buena dieta no es solo la que contribuye a la pérdida de peso. Si hablamos de bienestar general, es conveniente saber que la alimentación debe ser variada y completa desde el punto de vista nutricional", se indica en la publicación.

Estas son algunas dietas respaldadas por evidencia científica, según la especialista:

Dieta mediterránea

Se trata de una de las dietas "con mayor evidencia científica acumulada en cuanto a sus beneficios en la salud humana", esto debido a que puede contribuir en la prevención y tratamiento de diversas patologías. Estas son sus características:

Prioriza el consumo de alimentos de origen vegetal en abundancia, como frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, frutos secos.
Recomienda el consumo diario de productos lácteos, sobre todo yogur y quesos.
Enfatiza el uso de aceite de oliva como grasa principal.
Sugiere una ingesta abundante de agua y bebidas naturales, como infusiones.
Aconseja un consumo moderado de carnes rojas no procesadas, pescados y huevos. Asimismo, evita las carnes procesadas.
Limita o evita todos aquellos productos industrializados.

La dieta DASH
Sus siglas provienen de Dietary Approaches to Stop Hypertension que significa: enfoque dietario para detener la hipertensión. Esta dieta está basada en las recomendaciones realizadas por la Asociación Americana del Corazón (AHA), que están enfocadas en disminuir la presión arterial y prevenir las enfermedades cardiovaculares.

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Estos son los pilares principales de esta dieta:

Abundante consumo de frutas, verduras, legumbres y lácteos descremados.
Bajo consumo de sodio y carnes rojas.
Bajo o nulo consumo de productos procesados, con azúcares, sal y harinas refinadas.
Aunque se asemeja a la diera mediterránea, se diferencia en que esta sugiere también incrementar el consumo de grasas monoinsaturadas (aceite de oliva y frutos secos) y no enfatiza el consumo de lácteos descremados.
Existen estudios que indican además que proporciona otros efectos beneficiosos como en el metabolismo óseo y en homeostasis urinaria.

La dieta atlántica

Una dieta usual de los países que se rodean por la costa atlántica. Otorga beneficios para la prevención de enfermedades cardíacas, al igual que la mediterránea. Esta consiste en priorizar los siguientes alimentos:

Pescados y mariscos como los protagonistas de la dieta.
Abundante consumo de verduras y hortalizas.
Consumo de cereales, legumbres y patatas como fuente de hidratos de carbono.
Consumo moderado de carnes rojas.
Utilización de aceite de oliva como principal grasa culinaria, en especial como aderezo.

La dieta baja en FODMAP

FODMAP son las siglas en inglés de lo que en nuestro idioma significa: oligosacáridos, disacáridos, monosacáridos y polioles fermentables y se basa en evitar los alimentos que cuentan con estas características.

Se recomienda para quienes padecen patologías gastrointestinales como el síndrome de inflamación intestinal. Los alimentos que deberían excluirse, al menos hasta mejorar los síntomas, son los siguientes:

Legumbres, como el garbanzo, la lenteja y la soja.
Cereales, como el trigo, el centeno, la cebada, el amaranto y sus derivados.
Lácteos enteros.
Algunos edulcorantes, miel y jarabe de maíz de alta fructosa.
Bebida de soja, jugos industrializados, ron y vino blanco.
Ajo, cebolla, choclo, entre otros vegetales.
Frutas enlatadas, ciruelas, pera, sandia y otros.
Dentro de lo que sí se pueden consumir se encuentran los siguientes:

Almidón de maíz, avena, arroz, maíz, mijo, sorgo y quinoa.
Azúcar y edulcorantes que no terminan en «-ol».
Tofu.
Tomate, zanahoria, zucchini, acelga, entre otros vegetales.
Melón, naranja, pomelo y otras frutas.
Leche deslactosada o queso de cabra.
Aceites, como de oliva o canola.

Pese a estas recomendaciones, lo ideal es que un especialista diseñe una dieta adecuada para cada persona, debido a que cada organismo necesita y reacciona de forma distinta a los alimentos que se consumen. (I)

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