Coronavirus en la Argentina: Médicos contagiados, la fragilidad de un sistema

La pandemia por COVID-19 expone las debilidades de la estructura sanitaria y lo poco que se protege a quienes nos cuidan.
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La aparición del COVID-19 corrió el velo sobre lo que pasa con la salud y no solo en nuestro país, sino en el mundo entero.

En el tema sanitario, muchos alababan sistemas foráneos, como el inglés, el alemán o la tecnología de EE.UU. Sin embargo, como “las guerras se ganan en el campo de batalla”, quedaron demostradas muchas falencias que costaron vidas y costarán más aún.

Una condición distintiva del “Homo Sapiens” es justamente la inteligencia (la segunda parte del concepto), y es esta pandemia la que dejará múltiples enseñanzas a todo nivel.

Ante este contexto corroboramos que la tecnología no alcanza, si no hay personal capacitado que la opere. Que la organización social de países del primer mundo no es suficiente para evitar el golpe de una nueva enfermedad, ni para eliminar a otras reemergentes y ya medievales, como el cólera, dengue y, por supuesto el hambre.

Como sociedad contemporánea, seguro nos consideraremos mucho más evolucionados. La esperanza de vida y la tecnología disponible lo confirma, pero a pesar de eso ya pasamos dos pandemias en una misma generación. ¿Es esa la evolución deseada?

Hoy nos debatimos entre cifras de infectados, muertos y recuperados de COVID-19, la deuda económica del mundo y la contaminación ambiental. ¿Quién podía pensar que, en la cresta del desarrollo tecnológico, algo casi invisible como un virus nos iba a plantear un “jaque” en el tablero de nuestras sociedades?

El 16 de abril amanecimos con un importante número de médicos y personal sanitario contagiado de coronavirus. Eso deja en evidencia lo endeble que son los sistemas sanitarios de la Argentina y lo poco que se tiene en cuenta (como ya cité en otra columna), la salud de quienes nos cuidan.

Hoy nos debatimos entre cifras de infectados, muertos y recuperados de COVID-19, la deuda económica del mundo y la contaminación ambiental. ¿Quién podía pensar que, en la cresta del desarrollo tecnológico, algo casi invisible como un virus nos iba a plantear un “jaque” en el tablero de nuestras sociedades?

El 16 de abril amanecimos con un importante número de médicos y personal sanitario contagiado de coronavirus. Eso deja en evidencia lo endeble que son los sistemas sanitarios de la Argentina y lo poco que se tiene en cuenta (como ya cité en otra columna), la salud de quienes nos cuidan.

Ellos son expuestos a interminables horas de trabajo, en condiciones laborales casi precarias e importando poco si ganan lo suficiente para vivir o para encarar una nueva capacitación, pues sepan que, en su gran mayoría, corre por cuenta y gasto del propio interesado.

Si esto les sorprende, es importante que sepan que tanto las autoridades, los políticos y parte de la sociedad solo ve en estos momentos de necesidad que los profesionales de salud existen, sufren, se cansan, se enferman y se mueren. Están quienes los aplauden a las 21, pero también están los que escriben carteles “invitándolos” a abandonar su lugar de residencia.

Sepan también que la actividad de los profesionales de la Salud Pública es una de peores pagas en relación a otras profesiones y horas semanales trabajadas.

Recuerden también que los políticos solo visitan hospitales por razones de “marketing” partidario, pero raramente sanitario. Que desde que Ramón Carrillo transformó la estructura sanitaria argentina como primer ministro de Salud, nadie puso a la salud pública en el centro de la discusión política. Si usted cree que ser el centro es demasiado presuntuoso, sepa que sin salud no hay nada, ni siquiera una Nación.

Quizás sea el momento de plantearse, como lo hizo España en 1977, un “pacto de Moncloa” que contemple a la Salud Pública como una política de estado, que trasciende a los partidos políticos y dedica parte de su atención a tutelar un bien garantizado por la Constitución Nacional.

Si bien la política económica es un eje importante, para poder activar la producción económica es necesario movilizar la maquinaria humana, cuyo principal combustible es la buena salud.

Tenemos todos los ingredientes para disponer de un sistema mucho más efectivo a todas luces, pues tenemos recurso humano cuyo profesionalismo es requerido a nivel mundial y un gasto en salud que está entre los más altos, con un 9,4 por ciento del PBI. Cifra solo emparejada por Alemania, con igual porcentaje, luego, toda Europa está por debajo de esos números. Pero lo que sí es de destacar y diferenciar, es que en cualquiera de esos países el salario del equipo de salud es muy superior.

Tal vez sea el momento de plantear nuevas reglas de juego, o tal vez… cambiar de juego, dado que la naturaleza demostró que se desintoxica de nosotros con cierta facilidad, indicando que somos prescindibles.

Como corolario vienen a mi memoria dos frases del doctor Carillo que marcaron mi capacitación en Salud Pública:

"Los problemas de la Medicina como rama del Estado no pueden resolverse si la política sanitaria no está respaldada por una política social. Del mismo modo que no puede haber una política social sin una economía organizada en beneficio de la mayoría".

“Frente a las enfermedades que genera la miseria, frente a la tristeza, la angustia y el infortunio social de los pueblos, los microbios, como causas de enfermedad, son unas pobres causas”.

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