Ayuno intermitente: mitos y verdades de una dieta que promete juventud eterna pero despierta polémica

NUTRICIÓN 17 de enero de 2020 Por
Expertas del ámbito de la nutrición explicaron a Infobae los beneficios y precauciones a tener en cuenta sobre esta práctica que implementan cada vez más personas en el mundo
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El ayuno intermitente se ha convertido rápidamente en una tendencia dietética digna de ser analizada. Fue una de las dietas más buscadas en Google y en la Argentina durante el 2019. Pero, ¿en qué consiste, y cuáles son los principales mitos detrás de ella?

En sí, es una dieta que alterna entre los tiempos de ayuno y alimentación. A diferencia de otras filosofías de alimentación, el ayuno intermitente no prescribe qué comer; más bien, se centra en cuándo comer… y cuando no. Para la mayoría de los que adoptan este plan de alimentación, el objetivo es reducir la cantidad de calorías consumidas para perder peso.

Mónica Katz, médica especialista en Nutrición (MN 60.164) y presidenta de la Sociedad Argentina de Nutrición (SAN), explicó: “El único beneficio inmediato y a corto plazo es la disminución del peso, ya que se ingieren menos calorías”.
 
“Desde el punto de vista metabólico, el ayuno es una situación de estrés para el organismo. No es una situación metabólicamente adecuada para sostener más tiempo que el ayuno nocturno -es decir ocho o doce horas que son solicitadas, por ejemplo, para la extracción de sangre- si ya tenemos que estas 8 horas de ayuno nocturno estaríamos agregando el diurno, y los efectos, depende la persona, en el mediano y largo plazo, pueden ser complicados, sobre todo desde el punto de vista del comportamiento, de las emociones, es decir del psiquismo”, agregó Katz.

Para la principal referente en temas de alimentación, “un ejemplo de esto es la restricción con compulsión, diferentes cambios del humor, en términos del comportamiento alimentario o desde las emociones”. Y sostuvo: “No hay estudios a mediano y largo plazo, son muy cortos por cuestiones éticas. Varían los tipos de ayuno, a veces son en días alternos, de ocho, doce o dieciséis horas, en diferentes momentos del día”.


Según la licenciada en Nutrición María Cecilia Ponce (MN 3362), “los ayunos son prácticas ancestrales, milenarias, presentes en todas las religiones y todas las civilizaciones a lo largo de la historia; es algo sumamente implementado durante toda la humanidad con diferentes tipos de fines, ya sean religiosos o depurativos”.

“Lo que hoy se sabe es que mantenernos libres de alimentación durante algunas horas lo que hace es inducir a un reposo digestivo, y ayuda también a tener más percepción de cuándo uno come por hábito y cuándo por hambre real”, señaló la especialista en nutrigenómica, quien destacó que “es una práctica que se puede empezar a tener con ciertos pacientes que buscan ir un poco más allá, no sólo restringir calorías por una cuestión estética ni de peso, si no que lo que se va a pretender con la extensión del ayuno es inducir ciertos procesos orgánicos que reparan y detoxifica las células”.

“Lo que sucede es que hay personas que son más vulnerables, con personalidad más obsesiva, o compulsivos, con trastornos obsesivos compulsivos, que probablemente hayan tenido alguna situación traumática en su vida”, agregó.


Murcho advirtió que “pueden haber muchos factores implicados en estos procesos”. Ahora bien, ¿qué pasa cuando una persona vulnerable pasa tantas horas sin comer? “En aquellos con predisposición a padecer anorexia, el ayuno es dopaminérgico, es decir, el que aumenta la dopamina, funciona como un círculo vicioso, una adicción. El ayuno es adictivo y para personas vulnerables les va a resultar difícil volver a comer, ya que el ayuno genera sensación de control, de poder, de ser mejores que otros dado a que pueden restringirse, sienten poder al sentir hambre y no comer. Probablemente terminen desarrollando la anorexia”.


Por otro lado, “en el caso de las personas más compulsivas, más propensas a padecer bulimia o trastorno por atracón, pueden terminar ese ayuno con atracones, con métodos compensatorios desarrollando una bulimia o sin, desarrollando un trastorno por atracón. Esto funciona como círculo vicioso: ayuno-atracón, ayuno-atracón, método compensatorio-purgas”, ejemplificó Agustina Murcho.


Según la nutricionista, esto “no sucede en todas las personas, pero igual considero que quien puede soportar un ayuno intermitente y tantas horas sin comer, es porque probablemente algo les esté sucediendo. Es probable que necesiten sentir esa sensación, ese control, porque el cuerpo no está capacitado para este tipo de cosas. Cuando uno ayuna, el cuerpo entra en un estado de estrés”

La presidenta de la SAN mencionó el estudio Eat stop eat, el cual “mostró que se baja de peso, por supuesto, pero se observó también que hay un daño en células del páncreas, resistencia a la insulina y más riesgo de desarrollar diabetes, con lo cual el ayuno intermitente sería un arma de doble filo”. Los que proponen esta práctica, aseguró Katz, “afirman que baja la diabetes, porque claro que cuando uno baja de peso seguramente mejorarás el metabolismo de la glucosa y la prevención de esta enfermedad; el tema es que realmente en el mediano y largo plazo, en todos los estudios, no se logró demostrar que el ayuno intermitente esté avalado por la ciencia para recomendación en humanos”.

“Es importante resaltar que una evaluación de todas las pruebas científicas que hay de la evidencia hecha por Nutrimedia -proyecto de investigación que analiza la veracidad de la comunicación en ciencia- mostró que no existen estudios que avalen o recomienden la práctica del ayuno esporádico o intermitente para mejorar la salud”, insistió Mónica Katz al mismo tiempo que deslizó: “si no tenemos evidencias de beneficios, salvo a corto plazo, el ayuno intermitente no deja de ser una dieta de moda más”.

Consultada por este medio respecto a si recomendaría esta práctica, Katz fue contundente: “No lo haríamos porque para nosotros el hambre es una problemática y una deuda social, no solamente en el mundo sino en la Argentina, donde estamos comenzando el debate del hambre y no puedo proponerlo como estrategia terapéutica de ninguna patología, de ninguna manera”.

Respecto a por qué muchos adoptan este tipo de ayuno, Agustina Murcho especificó: “Los defensores del ayuno y los que se fanatizan con esta práctica se justifican con los estudios médicos que se realizaron dónde se demuestra los beneficios a la hora de perder grasa de este ayuno intermitente, pero la realidad es que también se puede perder grasa comiendo de manera convencional y haciendo ejercicio; y además tampoco es compatible con la vida”.

“Una persona que tiene que ir a un cumpleaños en los periodos de ayuno no va a comer. Probablemente esta persona no coma cuando su familia lo hace, y se irá aislando. Esto no es compatible para la cultura, para la vida, para lo que sea”, añadió.

Y aclaró: “La persona vulnerable a desarrollar trastornos alimentarios tiene que ver con una cuestión neuroquímica del cerebro, cuestiones a veces biológicas, endocrinológicas, que no pasan solo por la personalidad”.

En esta línea, Katz explicó: “El cuerpo mantiene un nivel constante de azúcar llamado glucosa, y lo hace mediante un mecanismo aceitado que involucra varias hormonas como la insulina, glucagón y cortisol, que es la hormona del estrés”. ¿Por qué esto es importante? Según explicó la presidenta de la SAN, “cuando el cuerpo entra en ayuno, cualquiera sea, percibe esto como un signo de estrés, por eso aumenta el cortisol, y como no comemos nuestro azúcar disminuye. El problema es que el cortisol tiene otra función: informarle al cuerpo que uno es cazador, que hay que correr, escapar o cazar, pero el problema es que no hay tal cosa: es simplemente que no se está comiendo. El nivel de glucosa en sangre sube, pero la energía no se usa”.

“Es decir, sube la energía porque el cuerpo se prepara para hacer actividad, y uno se queda quieto, ayunando. Este ciclo varias veces puede generar resistencia a la insulina, trastornos de la inmunidad y un sinfín de problemas”, sintetizó.

La sociedad, según Murcho, “contribuye a que las personas vulnerables terminen cayendo, y por lo general siempre se comienza a partir de una dieta. En el desayuno intermitente -aunque algunos digan que no es una dieta- hay una cierta restricción de horario, lo que la hace bastante más peligroso, y es peligroso que se esté divulgando tanto, ya que no sabemos quienes son vulnerables, y salir de ahí -de los trastornos alimentarios- es muy difícil”.

Fuente: Infobae

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