¿Un “pariente” del tabaco podría ayudar a combatir el cáncer?

SALUD Por Julia VOSCO
Científicas de Bahía Blanca investigan los compuestos de una planta autóctona que pueden disponer de propiedades antitumorales.
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Crece en el norte argentino y sur de Bolivia, esta planta, llamada palán-palán o Nicotiana glauca, pertenece al mismo género del tabaco común.

En la medicina tradicional se usa para aliviar procesos de inflamación, heridas y llagas. Y también se extrajeron fitoestrógenos como alternativa “natural” para reemplazar estrógenos después de la menopausia.

No obstante, los especialistas advirtieron que el arbusto contiene alcaloides (compuesto orgánico) tóxicos que produjeron muertes por el consumo de sus hojas, por lo cual es importante destacar que ningún paciente debería intentar utilizarlo como tratamiento con esos fines.

Milanesi y sus colegas del INBIOSUR, que depende de la Universidad Nacional del Sur y del CONICET, identificaron compuestos de la planta que afectan a las células musculares y que explicarían algunos efectos adversos de su consumo, tal como revelaron en la revista “Biological and Pharmaceutical Bulletin”.

Propiedades "anti-cáncer"
Sin embargo, científicas de Bahía Blanca están estudiando si ciertos compuestos extraídos de esta planta podrían tener propiedades antitumorales.

“Nos interesa ahondar en esta línea de investigación con la esperanza de encontrar alguna molécula en la planta que sea capaz de afectar las capacidades de proliferación, invasión y metástasis de las células tumorales sin afectar a las células normales, como ocurre con la quimioterapia y otros tratamientos”, explicó la doctora Lorena Milanesi, investigadora del Instituto de Ciencias Biológicas y Biomédicas del Sur (INBIOSUR), con sede en Bahía Blanca.

El estudio también arrojó un resultado alentador inesperado: los científicos constataron que el extracto de palán-palán y moléculas purificadas (ácido palmítico y escopoletina) inducía la expresión de genes que disparan el suicidio programado por el mismo organismo o “apoptosis” de ciertas células tumorales humanas, mientras que reducían la actividad de genes que prevenían esa autodestrucción.

“Al final, todas las células presentes en el cultivo morían”, resumió Milanesi a la Agencia de Noticias Científicas y Tecnológicas Argentina (CyTA-Leloir9). De todos modos, los científicos recordaron que se necesitan muchos años de estudios preclínicos y clínicos para poder confirmar el lugar de esta planta autóctona en los esquemas terapéuticos oncológicos.

 

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